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Hacia un nuevo paradigma sin hacernos trampas

La reducción de fondos debería ser un acicate para sacudir por completo el modelo y dirigirlo de verdad a erradicar la pobreza, tras décadas de políticas muy mal orientadas e incluso contraproducentes.

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Marzo 2026 / 144

El mundo de la cooperación al desarrollo está inquieto ante las cifras de los últimos años y las perspectivas futuras, pues la tendencia es a la baja, coincidiendo con la guerra de Ucrania y el correspondiente aumento de los gastos militares de los mayores donantes al desarrollo. Según la OCDE, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y la financiación concesional de los miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD), ascendió a 254.800 millones de dólares en 2024, lo que supuso una disminución en términos reales del 4,5% respecto al año anterior, y las estimaciones de cierre de 2025 arrojan una nueva caída, de entre el 7% y el 9%.

Entre 2000 y 2022, la AOD creció cada año de forma muy importante, pero desde entonces ha cambiado la tendencia. Esta realidad, a mi parecer, nos ofrece también la oportunidad de repensar lo que ha significado la ayuda al desarrollo, si ha sido eficaz o no, y si necesita un nuevo paradigma. En mi opinión, sí, y a fondo.

En los últimos 40 años se han dedicado grandes sumas para ayuda al desarrollo —4,2 billones de dólares— y no siempre para los países más pobres, muy concentrados...

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