Por un contrato social global
La apuesta por la cooperación internacional es clave para la estabilidad y la seguridad a largo plazo.
La cooperación internacional constituye hoy uno de los ejes estratégicos sobre el cual debe pivotar la respuesta a la inestabilidad global. Lejos de ser una política pública periférica o secundaria, se encuentra en el epicentro de las tensiones internacionales actuales, reafirmándose como una eficaz herramienta para salvaguardar el orden mundial en un momento de crisis múltiples y superpuestas. En un escenario en el que la paz se ve vulnerada por agresiones unilaterales y guerras —como la invasión rusa de Ucrania o el conflicto en Palestina— y en el que surgen fuerzas que cuestionan abiertamente la utilidad del multilateralismo y la solidaridad, la cooperación emerge como garantía para construir una paz justa y duradera y reducir las desconfianzas entre estados. Ante el desafío de quienes pretenden recortar fondos o deslegitimar la acción colectiva, la cooperación se reivindica como una política esencial e ineludible para hacer avanzar la Agenda 2030 de Naciones Unidas y gestionar riesgos transnacionales que no entienden de fronteras, desde la emergencia climática hasta las brechas de desigualdad y las crisis...