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¿Qué economía enseñamos en Secundaria?

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Febrero 2023 / 110

Ilustración
Andrea Bosch

La disciplina se ha ido introduciendo en Bachillerato y la ESO, pero hay que empujar para reforzar su faceta más humana, social y sostenible.
 
La implantación de materias de economía no se generaliza en los planes de estudios de nuestro sistema educativo no universitario hasta la década de 1990. Desde entonces, a las primeras asignaturas de Bachillerato de Economía y Economía de la Empresa se les fueron uniendo otras en la etapa obligatoria de ESO y, especialmente durante los últimos años, las dedicadas al estudio de la iniciativa emprendedora. Por último, muchos agradecemos que, en el reciente desarrollo de la LOMLOE, algunas comunidades autónomas  también hayan introducido nuevas asignaturas relacionadas con la sostenibilidad y la economía social.
La enseñanza de la economía en esta etapa tiene un papel muy importante, ya que supone el primer contacto que el alumnado tiene con nuestra disciplina, si bien, para los profesores que tenemos una visión más crítica con el exceso de academicismo y de ortodoxia económica, debería ir más allá de su enfoque curricular actual y tener en cuenta otros aspectos fundamentales.
En primer lugar, la enseñanza de la economía debería ayudar a formar personas informadas y con una visión crítica de una realidad que les va a afectar toda su vida como ciudadanos, consumidores, votantes, inversores, empresarios, trabajadores, etc. Es un tarea nada fácil en nuestra sociedad de la hiperconectividad, la manipulación y la falta de atención y en la que las prioridades económicas globales, a pesar de las amenazas de la emergencia medioambiental y de las crisis sociales, parecen ser crear una nueva moneda digital o un nuevo derivado financiero, construir un mundo virtual paralelo o empezar a crear las condiciones de vida para replicar el capitalismo en Marte.
 
Espíritu crítico
En segundo lugar, las leyes educativas sí hacen hincapié en el espíritu crítico de la enseñanza, pero… ¿crítico para proponer soluciones disruptivas en las empresas? ¿Para desconfiar de los avances tecnológicos y científicos sin fines sociales? ¿Para poner en duda el orden capitalista? Es contradictorio este énfasis en el espíritu crítico al mismo tiempo que en nuestras asignaturas se encumbran conceptos y lugares comunes de nuestra disciplina incompatibles con una visión alternativa y diversa de la economía: el mercado es libertad, las empresas operan en competencia, el crecimiento económico y la búsqueda de beneficio son los objetivos principales de la economía, los recursos naturales son un factor productivo, las personas son recursos humanos, etc.
Por otro lado, es necesario alertar sobre el peligro de la injerencia de intereses financieros y de los grandes grupos tecnológicos en la enseñanza y, especialmente, en nuestras asignaturas a través, por ejemplo, de los planes de educación financiera de la banca privada, los concursos de emprendedores patrocinados por multinacionales o la entrada de las empresas tecnológicas en las aulas con sibilinos fines mercantiles. 

A veces sentimos que nadamos a contra-corriente

 
Por último, destacamos la importante labor de muchos profesores con quienes compartimos preocupaciones y materiales alternativos en foros digitales, cursos del profesorado y reuniones informales para difundir la faceta más humana, social y sostenible de la economía. Sin embargo, desearíamos que esta visión estuviera incorporada en todos los eslabones que convergen en la educación de los adolescentes: la propia enseñanza universitaria, la formación para el profesorado y su proceso de selección, las leyes educativas, los libros de texto y otras fuentes de materiales didácticos y, especialmente, los propios valores de una sociedad que muchas veces nos hace sentir que nadamos a contracorriente cuando intentamos transmitir conocimientos económicos más allá del crecimiento ilimitado, la maximización del beneficio y la creación de empresas de éxito y prestigio social.