Aunque la moda rápida se vista de seda... moda se queda
Para que la industria de la moda pueda ser compatible con los límites planetarios, es necesario un cambio del modelo de negocio
Parece que la industria de la moda rápida o fast fashion sigue los pasos del plástico de un solo uso. Como este, lleva décadas abusando de un modelo de negocio basado en externalizar costes sociales y ambientales. Y, como en el caso del plástico, ya no es posible continuar escondiendo su impacto.
En su producción se generan cada año 2.100 millones de toneladas de CO2 equivalente (el 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero) y se usan alrededor de 540 billones de litros de agua y 1.600 millones de toneladas de materiales. Cada segundo, el equivalente de un camión de basura lleno de residuo textil se quema o se vierte y miles de toneladas de microfibras provenientes del lavado de ropa llegan al mar.
En Europa consumimos anualmente una media de 26 kg de ropa por habitante y generamos 11 kg de residuo textil1. Pese al buen trabajo de algunas empresas del sector social para reutilizar parte de la ropa usada, la producción es tanta y tan barata que la reparación de ropa hace décadas que va a la baja. El reciclaje actualmente no supera un triste 1%.
Hace tiempo que el sector se ha lanzado a intentar...