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EE UU-China: pacto o guerra

Los egoísmos nacionales y la pugna por la hegemonía mundial están frenando peligrosamente la cooperación internacional.

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Marzo 2023 / 111
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Ilustración de un panda cogiendo un águila

Ilustración
Elisa Biete Josa

En términos geopolíticos, Reino Unido fue el gran imperio del siglo XIX, y Estados Unidos, el del siglo XX. ¿Qué país será el gran imperio del siglo XXI? China ha emergido como gran potencia y rivaliza la hegemonía mundial con EE UU. Si se quiere evitar un conflicto bélico, ambos países deberán pactar su coexistencia, aunque tendrán que tener en cuenta los intereses de la Unión Europea y de países con un peso creciente como India, Rusia, Arabia Saudí, Brasil e Irán, entre otros, que pretenden tener mayor protagonismo y mantener espacios de cooperación abiertos, tanto con EE UU como con Rusia o China. Es, por tanto, probable que gradualmente se pase de un sistema político económico de gobernanza mundial unilateral a uno multilateral que configurará un nuevo orden mundial.
¿Cómo va evolucionar el mundo en las próximas décadas? Es imposible saberlo, pero en buena parte dependerá de cómo lo haga China. En los últimos 30 años, con un sistema político autoritario dirigido por el Partido Comunista, China ha tenido un crecimiento económico y un aumento del bienestar espectacular. Si bien es cierto que muestra fuertes debilidades, para muchos países es un modelo. Gracias a fuertes inversiones en el exterior, especialmente en África y Latinoamérica, está aumentando su influencia. Las inversiones en la Ruta de la Seda son un buen ejemplo para conseguirla. 
A lo largo de la historia, China ha sido humillada por Occidente. Ahora que es más fuerte —y lo será más aún en el futuro— tiene ambiciones políticas revisionistas. La más importante es desplazar a EE UU como potencia hegemónica de la política mundial. Pero también tiene ambiciones territoriales, como reincorporar la provincia de Taiwán y convertir el mar de China en un mar interno. Para recuperar Taiwán está dispuesta a utilizar la coacción económica, la intimidación e incluso la fuerza.
Hasta llegar al año 2049, centenario de la creación de la República Popular China, el Gobierno tiene un plan de futuro. Para entonces, China estará en su plenitud como país. Una gran nación unificada habiendo incorporado Hong Kong, que termina la semisoberanía actual en 2047, Macao y la perla de la corona: Taiwán. Antes de esta fecha se ha fijado una etapa intermedia, el año 2035, en la que terminará el proceso de modernización de las fuerzas armadas y la sociedad habrá consolidado un elevado nivel de bienestar basado en una próspera clase media.

El papel de Europa y de la OTAN
De cara al futuro, China aspira a superar a Estados Unidos como primera potencia mundial, pero sabe que su capacidad económica, científica y militar está todavía muy lejos de la de su rival. Necesita todavía unos años para poder hablar de tú a tú y, por tanto, debe seguir progresando y fortaleciéndose, evitando toda confrontación militar, ya que su economía podría hundirse, como le está ocurriendo a Rusia. El actual orden mundial está gobernado por EE UU y por el dólar, pero cada vez le está resultando más difícil mantener su primacía. China y Rusia están impulsando un modelo ideológico y económico alternativo. En febrero de 2022 los presidentes Xi Jinping y Vladimir Putin declararon que daban por terminado el orden internacional basado en la hegemonía mundial unilateral de EE UU.
El crecimiento económico y tecnológico de China y su mayor influencia mundial preocupan en Washington desde hace años. Su objetivo es frenar y aislar a China, por lo que ha creado fuertes barreras al comercio, especialmente en el campo de las nuevas tecnologías. EE UU castiga con fuertes sanciones económicas a los países y empresas que no siguen sus consignas. En el campo político-militar, la expansión de la OTAN acercándose a las fronteras rusas y la falta de voluntad de negociación por parte de EE UU ha llevado a Rusia a cometer el enorme error de invadir Ucrania. Pero la guerra y las duras sanciones económicas impuestas a Rusia han supuesto para la UE una fuerte crisis energética, inflación disparada, rearme militar, disrupción del comercio y graves perjuicios económicos y sociales. La Organización Mundial del Comercio (OMC) teme que la distorsión del comercio mundial divida el mundo en dos bloques, con dos sistemas políticos, dos sistemas financieros, dos áreas de comercio y dos liderazgos enfrentados, lo que supondria un empobrecimiento para todos.
EE UU intenta arrinconar a China, militar y económicamente, creando una tenaza de países aliados que la rodeen. La tenaza tiene dos brazos, uno en Asia en los océanos Pacífico e Índico y otro con los países europeos que rodean Rusia. En la cumbre de la OTAN de Madrid se definió China como el mayor reto después de Rusia. ¿Es posible que la OTAN, que fue creada en Europa para frenar a Rusia, amplíe el objetivo y la conviertan en una OTAN euroasiática? ¿Es posible que la UE se vea arrastrada a un enfrentamiento bélico en Asia?
En las relaciones económica con China hay una visión muy distinta entre muchos países europeos y EE UU. Washington defiende posiciones mucho más duras que Alemania y Francia, que insisten en la necesidad de la cooperación económica y no en la confrontación política.
Al desastre de la guerra de Ucrania se suma una fuerte tensión en torno a Taiwán. Son dos conflictos de alto riesgo bélico. Todo ello está llevando a una política de rearme generalizada a nivel mundial y a un inmoral nivel de gasto en armamento. De momento, el presupuesto militar de los países de la UE se doblará y pasará, como punto de partida, a un mínimo del 2% del PIB. Suecia y Finlandia, dos países tradicionalmente neutrales, han pedido su ingreso en la OTAN. También Japón anuncia un cambio histórico en política de defensa y se rearma para hacer frente a la tensión en el mar de China. Una OTAN altamente militarizada y totalmente alineada con los intereses de Estados Unidos es un peligro; puede llevarnos a una guerra a gran escala. Se está creando un ambiente bélico que estremece con tanta confrontación y rearme.
Resumiendo: la humanidad se enfrenta a importantes retos globales, mientras que la colaboración internacional viene frenada por egoísmos nacionales y por el enfrentamiento por la hegemonía mundial. Es una situación peligrosa, con alto riesgo de que estalle un conflicto bélico de consecuencias irreparables. La conclusión es simple: no hay más salida que la de tener una visión global del planeta, el diálogo y el pacto.