Philippe Aghion o las limitaciones de una teoría macroeconómica de la innovación
El último premio Nobel de Economía subestima los impactos sociales, éticos y medioambientales de los avances tecnológicos
El crecimiento económico, medido respecto al PIB, es la obsesión de nuestros gobernantes. Escudriñan con inquietud cualquier caída de ese indicador, lo que sería sinónimo de déficit, de aumento de deuda y síntoma precursor de una degradación. ¿Cómo estimular el crecimiento? Esa es la lacerante cuestión que agita a los poderes públicos, especialmente en Europa, donde es átono desde finales de los Treinta Gloriosos.
Para Philippe Aghion y Peter Howitt, galardonados recientemente con el Premio del Banco de Suecia en honor de Alfred Nobel, la solución reside en la innovación tecnológica. Haciendo suyas las ideas desarrolladas por el economista austriaco Joseph Schumpeter a comienzos del siglo XX, afirman que dichas innovaciones, acumulativas por naturaleza, generan rendimientos crecientes que son el motor del crecimiento. La innovación surge y se difunde gracias al impulso de los empresarios, que esperan que les proporcione rentas a lo largo del tiempo. Las nuevas innovaciones sustituyen a las tecnologías y prácticas anteriores: se trata del famoso fenómeno de la “destrucción creativa” teorizado por...