ANDREW JACKSON, UN POPULISTA AUTÉNTICO
El mandato del séptimo presidente (1829-1837), que llegó a la Casa Blanca con una campaña basada en la denuncia de fraude electoral, quedó marcado por la violación del Estado de derecho y la deportación de indígenas
Donald Trump tiene un modelo en su propio bolsillo: en los billetes de 20 dólares aparece un personaje de mirada penetrante y cabellera abundante llamado Andrew Jackson. Y aunque quien presidió la Unión entre 1829 y 1837 no tiene su perfil esculpido en el granito del memorial nacional del monte Rushmore, junto a Washington, Jefferson, Lincoln y (Teddy) Roosevelt, forma parte, sin duda, del relato nacional estadounidense, y no precisamente por su mejor faceta.
El hombre nace en 1767 en una granja en los confines de Carolina del Sur, cuando aún era la “frontera” para los estadounidenses de origen europeo. Huérfano desde muy joven, sin patrimonio y con una educación rudimentaria, Jackson se alista a los 13 años en el ejército de insurgentes que lucha contra los ingleses y que obtendrá la independencia de las 13 colonias de América del Norte en 1783. Posteriormente, estudia Derecho y emprende una carrera como jurista hasta participar en la redacción de la Constitución del estado de Tennessee y alcanza la gloria durante la segunda guerra anglo-estadounidense (1812-1815), al expulsar a los británicos de Nueva Orleans al...