El círculo vicioso de la desigualdad
La maternidad es el momento clave en que se profundiza la brecha. Son ellas quienes están menos disponibles en el trabajo y ellos los que se ocupan menos de las tareas del hogar.
La Universidad de Yale llevó adelante un estudio en el que 127 profesionales, hombres y mujeres, de grandes universidades —profesores de física, química y biología— evaluaban un currículo para cubrir un puesto científico de una persona joven. Era el mismo currículo sólo que le cambiaban el nombre. En el 50% de los casos, el aspirante se llamaba John; y en el otro 50%, la aspirante se llamaba Jennifer. Los resultados fueron esclarecedores. El puesto lo obtenía John más veces que Jennifer, y preguntados por cuánto pagarían, ella merecía ganar un 17% menos que él.
Los prejuicios vienen de lejos, son complejos, pero están directa e implícitamente relacionados con la maternidad.
Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, afirmaba hace poco que ella misma, aun siendo mujer, preferiría contratar a mujeres que no vayan a tener hijos. Basaba su opinión en que “esa protección de la mujer la desvincula del alineamiento con los intereses de la empresa”. Se refería no sólo a bajas maternales, sino también a la no dedicación a tiempo completo (o más) a la empresa.
Las economistas feministas...