Mapa de poder de la IA
Siempre fue algo tramposo el mito que envuelve el nacimiento de los gigantes tecnológicos —Apple, Microsoft, Google (Alphabet) y Facebook (Meta)—: el de unos jóvenes antiestablisment que, desde un garaje, con pocos recursos, idearon empresas por cuyas manos iba a pasar buena parte de nuestras actividades diarias. El mito ignora la confluencia de la investigación pública, y también la privada, con un entorno de capital riesgo, ingeniería y capacidad de emprendimiento, junto con la indudable habilidad de transformar un descubrimiento en un producto que la gente deseara utilizar.
Si el mito sigue rodeando a las big techs, de nada vale en los tiempos de la inteligencia artificial (IA).
OpenAI (la madre de la familia de modelos GPT) y Anthropic (la de Claude), seguida de xAI (la de Grok) son actores nuevos, sí, pero al mismo tiempo se mecen en las big techs. A su vez, estas ven en los laboratorios de frontera de la IA una palanca para hacer crecer (y diversificar) sus negocios y afianzar su poder. Sus actividades se retroalimentan, cuando no se solapan, en un nudo de alianzas, contratos, inversiones y compras de acciones.