Mujeres atadas a los hombres

  • Diciembre 2017

    El 50% de ellas estarían en riesgo de pobreza si estuvieran solas. Las familias “monomarentales”, las más pobres. 

    No es baladí ni es una frase hecha. La pobreza tiene cara de mujer. Hay hasta pobreza de género estadística. Es decir, incluso las formulaciones estadísticas sobre pobreza están basadas en promedios que en muchos casos obvian la perspectiva de género, y que no reflejan la realidad claramente. Son estadísticas pobres.

    “No es algo que se haga con mala intención, pero sí sucede que falta una cierta perspectiva de género en la estadística, cuando la mayor parte de las personas que trabajan los números son hombres”, explica Ángel Belzunegui Eraso, director de la cátedra de Inclusión Social y profesor titular de sociología de la Universidad Rovira i Virgilli.

    Belzunegui no es experto en género, sino en pobreza. Y le sorprendió que los resultados de las estadísticas oficiales para España del índice de riesgo de pobreza (AROPE, por sus siglas en inglés: At Risk of Poverty and/or Exclusión) equipararan al hombre con la mujer, cuando muchos otros indicadores hacen ver que ellas perciben menores salarios y menores pensiones y que son las que tienen cifras mayores de desempleo. 

    Pero en el ámbito familiar hay una pantalla de humo que no deja ver el interior. “La mayoría de las instituciones construyen las estadísticas familiares con promedios”, explica Belzunegui. Pero cuando se desagregan los datos, separando los ingresos de mujeres y de hombres, las mujeres salen muy mal paradas. Entonces, el riesgo de pobreza se eleva a cerca del 50%” (véase el gráfico, donde Belzunegui, junto al profesor Francesc Valls, lo han calculado para Catalunya en su estudio  “La ocultación de la cuestión de género en las estadísticas sobre pobreza”, para la revista de Investigación y Análisis Social del Ayuntamiento de Barcelona).

    En Europa se están llevando a cabo ahora mismo discusiones sobre cómo incluir la perspectiva de género dentro de la estadística oficial, aunque la aplicación de nuevas metodologías llevará muchos años.


    MUJER SOLA

    En cualquier caso, la pobreza tiene, sobre todas las cosas, cara de mujer sola. De jefas de familia monomarentales (aunque la Real Academia Española no lo acepta, muy mayoritariamente la monoparentalidad es de mujeres). Y de mujer adulta joven, de quince a veinticinco años que no está estudiando. Las cifras de riesgo de pobreza en la mujer bajan solo cuando las mujeres son mayores de sesenta y cinco años, han trabajado y al quedarse viudas suman a la suya la pensión de viudedad. 

    “En 2015, casi la mitad de mujeres en Cataluña mayores de quince años y que no están estudiando se encuentran en riesgo de pobreza: 17,6% que viven solas más las que se añadirían si viviesen solas con sus ingresos individuales (un 31,7% adicional, lo que suma un 49,3%). Un porcentaje que duplica al de los hombres: sólo un 24,2% tiene unos ingresos individuales inferiores al umbral de pobreza”, explica el estudio de Belzunegui. “Ello supone un aumento medio del 52,2% en el riesgo de pobreza entre los hombres y del 180,1% en el caso de las mujeres en comparación con los resultados obtenidos según la metodología convencional”.

    Belzunegui agrega que en las mujeres jóvenes muchas veces el apoyo de los padres hace que este riesgo no sea visible públicamente. 

    Las estadísticas no incluyen una perspectiva de género

    El ámbito familiar borra la individualidad de ingresos

    El riesgo de pobreza en hombres solos es del 24% frente al 50% de ellas

    “Tú nunca dirías de ciertas chicas jóvenes que están en riesgo de pobreza, pero lo cierto es que tienen bajísimos salarios y lo estarían si no tuvieran un apoyo externo. Esta situación es mucho peor para ellas que para los hombres de su misma edad”, agrega.

    Las que peor se encuentran, incluso en las cifras oficiales, son las que o se han separado o nunca han tenido un compañero sentimental, tienen hijos, y son cabeza de familia monomarental (el 80% de quienes se encargan de los hijos son las mujeres). En la gran mayoría de los divorcios con hijos, ellas no reciben ninguna pensión de alimentos.

    Según el último informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN), que toma las cifras oficiales, las personas que viven en hogares con niños y niñas tienen tasas de AROPE hasta 30 puntos porcentuales más elevadas que las de aquellas que viven en hogares compuestos sólo por adultos.

     

    UNA DEPENDENCIA QUE ATA

    Las mujeres mayores de sesenta y cinco años también corren riesgo de pobreza, si no cuentan con la pensión de sus maridos (estén vivos o muertos). Según el último estudio de la ONU sobre la Situación de la Mujer en el Mundo, de 2015, España es de los países ricos con peores cifras de pensiones femeninas, si se contabilizan como personas individuales y no ligadas a sus parejas. Al haber cotizado menos, durante menos años y en peores condiciones, ellas son las que perciben una menor cuantía en la pensión, en el caso de que la reciban. Pero además, lo cierto es que un 47% no cobra ninguna pensión propia, ni siquiera la no contributiva. 

    Justamente,  si no hay más mujeres percibiendo una pensión no contributiva es porque dependen ya sea de las pensiones de viudedad como de los hijos (las pensiones no contributivas no se pagan cuando la suma de las rentas anuales de todos los miembros de su Unidad Económica de Convivencia (UEC) son superiores a 5.164,60 euros anuales y se convive con familiares. La Seguridad Social considera UEC a todos los casos de convivencia del beneficiario con otras personas unidas por matrimonio o por lazos de parentesco hasta el segundo grado).

    Incluso con los datos oficiales, es decir, tomando en cuenta promedios y no la individualidad de la mujer y el hombre, las cifras de Eurostat dejan ver una evidente brecha de pobreza femenina a escala europea. 

    “En promedio, las mujeres reciben un ingreso de pensión más bajo que los hombres”, se explica en el documento Europe 2020 indicators - poverty and social exclusion, de la Comisión. “Como se muestra en el Informe de Adecuación de Pensiones de la Comisión Europea, esto se debe principalmente a lagunas relacionadas con el cuidado infantil en su historial de empleo y patrones de ocupación con baja cobertura de pensiones”.


    PARO

    La situación no es mejor para las mujeres que se jubilarán en el futuro. Hoy por hoy, las mujeres son las que menos tiempo trabajan de forma remunerada, las que reciben los contratos más precarios, las que menos cobran y las que más sufren el paro.

    Según las últimas cifras de paro, del pasado octubre, en España hay 1,9 millones de mujeres desempleadas, lo que equivale al 51% del total de paro. En los últimos diez años hay 800.000 desempledas más. Las mujeres mayores de cuarenta y cinco años son el colectivo más grande entre los desempleados.

    Ellas son las más golpeadas y tardan más en recuperarse de la crisis. El INE confirma en su informe del tercer trimestre de 2017 que sólo tres de cada diez nuevos empleos son para mujeres. La tasa de paro de ellas es del 18,2%, mientras que la de los hombres es del 14,8%. Las mujeres representan también una gran mayoría del paro de larga duración.

    Pero cuando hay trabajo, el de la mujer es casi siempre más precario. El 73% del empleo a tiempo parcial lo desempeñan mujeres, y un tercio de las personas en riesgo de pobreza trabaja.

    La diferencia de sueldo entre hombres y mujeres por un mismo trabajo es del 23%. Esto también sucede entre las profesionales, donde la brecha llega hasta el 34%, según las cifras del Ministerio de Empleo.


     

    MALO PARA LAS EMPRESAS

    Las mujeres no están bien valoradas, ni en España ni en otras muchas regiones del planeta, algo que impide que la sociedad avance, incluso que avance el sistema empresarial imperante. 

    “El mundo está siendo privado de un gran recurso sin explotar”, reconoció Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, en el lanzamiento del Índice Global de Brecha de Género de 2017. “A pesar del lento pero constante progreso realizado en la igualdad de género en la última década, 2017 no fue un gran año”, agregó. De hecho, la brecha entre hombres y mujeres en la salud, la educación, la política y la economía se amplió por primera vez desde que comenzaron los registros en 2006. Superar los prejuicios, invisibles o no, que nos impiden cerrar la brecha de género representa un imperativo económico y moral abrumador”.

    La crisis se ha cebado con las mujeres, la mayoría de los parados

    El 73% del empleo a tiempo parcial lo ocupan mujeres

    Entre las profesionales la brecha salarial llega al 34%

    El Índice Global de Brecha de Género mide la diferencia entre mujeres y hombres que se refleja en los logros o actitudes sociales, políticos, intelectuales, culturales o económicos. 

    La edición 2017 muestra que, con la tasa de progreso actual, la brecha global de género tardará cien años en cerrarse, mientras que la brecha en el lugar de trabajo no se cerrará en doscientos diecisiete años. En 2013 esa brecha había llegado a los ochenta y tres años, lo que hubiera implicado que las bebés pudieran llegar a ver la eliminación de la brecha en su vida.

    “Este año el análisis revela brechas de género a escala industrial, y en particular, destaca que a pesar de que hay más mujeres cualificadas que emergen del sistema educativo, muchas industrias fallan a la hora de contratarlas, retenerlas y promoverlas, dejando ir una gran riqueza de capacidad”, concluye Schwab.

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