Un puente necesario
La economía de impacto debe poner al mismo nivel rentabilidad y valores, con métricas creíbles y conexión con los abanderados históricos del bien común
El sistema económico capitalista, como lo hemos heredado, muestra cada día más grietas. Su promesa de prosperidad infinita choca con los límites planetarios, las desigualdades crecientes y una precariedad que se extiende incluso en sociedades que se creían sólidas. Adam Smith y los clásicos pensadores de la economía pusieron en marcha una maquinaria que, en su momento, tuvo sentido: organizar la producción, canalizar el esfuerzo individual hacia el bien común y generar riqueza que luego generaría mayor riqueza, lo que significaría mayor beneficio para la sociedad. Pero lo que nació como un sistema para impulsar el progreso se ha convertido en un engranaje que no solo genera mayor desigualdad, sino que amenaza su propia sostenibilidad. Hoy, la realidad nos obliga a repensar esa lógica y a abrir la mirada hacia otros modelos que, sin renunciar al dinamismo económico, incorporen el impacto social y ambiental como un eje central.
Avances
En los últimos años, la llamada economía de impacto ha ido ganando terreno alrededor del mundo, con mayor desarrollo en EE UU, Canadá y Europa occidental. Según el Global Impact...