William McKinley, el héroe de Donald Trump
Trump rindió homenaje en su discurso de investidura a William McKinley, que dirigió el país entre 1897 y 1901 con un programa proteccionista e imperialista que reúne todos los requisitos para gustar al actual mandatario
Cuando Donald Trump afirmó, ya desde el comienzo de su discurso inaugural: “La edad de oro de EE UU comienza ahora”, se estaba refiriendo a la famosa Gilded Age (la edad dorada, a la que sus detractores denominan la edad de la bisutería) del último cuarto del siglo XIX.
EE UU se había convertido entonces en la primera potencia industrial del mundo tras su segunda revolución industrial. Empresas y fortunas colosales se erigen sobre el petróleo (Rockefeller), el acero (Carnegie), los ferrocarriles (Vanderbilt, Morgan), la banca (Morgan), la electricidad (Edison), sin que ningún obstáculo les impida aplastar a sus competidores mediante métodos más o menos lícitos.
La llegada de William McKinley a la presidencia, en 1897, se debe, en gran medida, tanto política como financieramente, al influyente potentado del carbón, el hierro y el acero, Mark Hanna. La connivencia entre el mundo de los negocios y la presidencia no es nueva. De hecho, McKinley no se preocupa por hacer que se aplique la ley antitrust, aprobada en 1890, que los magnates se saltan a la torera creando holdings.
El presidente goza entonces de una coyuntura...