Marià Moreno, por una empresa de rostro humano
Fallece a los 65 años una figura clave del cooperativismo catalán, socio y amigo de Alternativas económicas
Marià Moreno, figura destacada del cooperativismo catalán, voz incansable favorable a una empresa con valores humanos, ajedrecista temible, socio comprometido de Alternativas económicas y, sobre todo, un amigo muy querido, nos dejó el pasado 18 de junio en Mataró, con la mochila llena de ideas y de proyectos, a veces geniales, a veces descabellados, con que solía engañar a la enfermedad. Tenía 65 años.
Empresario cofundador de Grup Integral a finales de la década de los ochenta y voluntario, mientras pudo, en proyectos como el Hospital de campaña de la Iglesia de Santa Anna para acoger, proteger e integrar a personas sin techo, a Moreno le gustaba verse a sí mismo como lo que era: un humanista. De hecho, uno de los proyectos que quedó en el aire, de esos que solo se le podía encargar a una mente singular como la suya, fue una serie de Cartas de Erasmo de Rotterdam dirigidas al empresariado del siglo XXI. En una primera entrega de prueba se resumía su visión del mundo de los negocios: admiración por la acción de las empresas capaces de mejorar el bienestar de amplias capas de la población, reconocimiento a su operativa cuando se pone al servicio de las personas y un reproche a la manera de hacer que se ha impuesto, especialmente con el neoliberalismo. “Sois absolutamente necesarios (…) Pero no deja de sorprenderme que, con todo lo que habéis sido capaces de manejar, hayáis olvidado que vuestra actuación debía comportar la armonía”. Para este Doctor en Administración y Gestión de Empresas experto en gestión y asesoramiento empresarial, armonía significaba alinear los intereses de la empresa con los de su comunidad, las personas empleadas, los proveedores y el entorno ambiental.
El ideario de Marià, contrario a los liderazgos que se rigen por lo que denominaba “una mente financiera”, frente a la “mente armónica”, ajena al cortoplacismo y a los pelotazos, se condensa en su último libro, Management para la Humanidad, que editó Alternativas económicas tras una campaña de microfinanciación. “¿Por qué es tan necesario que uno pierda para que el otro gane? Cuando parece obvio que, si todos ganan, el negocio sería mejor”, escribió, con la convicción de que el único stakeholder posible es la humanidad misma. Quien fuera miembro de la Xarxa d’Economia Solidària (XES), a título individual y como socio-gerente de Integral, consideraba que la economía social podía y debía actuar con ambición, sin renunciar a sus valores, cos que pasaba por la profesionalización de la gestión y por evitar endogamias y sectarismos, exportando la dimensión democrática de la cultura cooperativista. Uno de los cómplices en este ejercicio de profesionalización y ambición sin perder las esencias fueron Perfecto Alonso, histórico presidente de la Federación de Cooperativas de Trabajo en Cataluña, y Marcos de Castro, expresidente de la Confederación Española de Economía Social (CEPES).
A Marià le encantaba la oratoria y la escritura. Uno de sus grandes retos fue levantar la novela Aktú, gobernador de Ampala, sobre la civilización sumeria. Pero, sobre todo, adoraba el ajedrez, hasta el punto de reservar una habitación repleta hasta los topes con tableros y piezas de todo tipo y procedencia, entre los que le gustaba meditar.
Llevaba dos décadas mandando mensajes muy especiales por Navidad, orgulloso de ir ampliando el número de destinatarios y siempre sirviendo un deseo para el año siguiente. El último fue el pasado diciembre. “Si la enfermedad grave llega hasta ti, tanto en primera persona como en otra cercana, mi deseo es que puedas aprender algo”.
En Alternativas económicas, a la que llegó de la mano de Miquel Miró, aprendimos mucho de su energía, su alegría, su compromiso hasta la obstinación y su enorme generosidad.
Descanse en paz.
Hasta siempre, Marià.