Más acción pública ante la crisis plural
La guerra en Ucrania, que se agrava día a día, es el desafío más serio que afrontamos a principios de este incierto verano. Los riesgos se extienden peligrosamente a los tres pequeños Estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), que temen ser barridos del mapa ante las crecientes amenazas de Putin.
La guerra ha tumbado de nuevo la economía mundial, que camina hacia una tercera crisis cuando aún no se han restañado las heridas de la debacle financiera de 2008 y del colapso de la pandemia en 2020. Hay dos consecuencias bien diferenciadas territorialmente. En el mundo desarrollado, el acelerado crecimiento de los precios de los productos de primera necesidad, muy superior a la media de la inflación, está empobreciendo a millones de familias. En los países pobres, más de 40 millones de personas se enfrentan a una grave carestía de alimentos, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La guerra ha empeorado la situación causada por la peor sequía de las últimas cuatro décadas.
Un dramático reflejo de las tensiones en África ha sido la muerte de unos 30 inmigrantes ante la valla de Melilla a manos de la gendarmería marroquí. Es una tragedia para quienes solo tratan de escapar del hambre con la inaceptable tolerancia del Gobierno español y de la Unión Europea.
Decepción
Son acontecimientos que certifican el insostenible aumento de las desigualdades. En este...