La tentación del 'chatbot'
La recepción acrítica de nuevas herramientas como ChatGPT nos acerca a una especie de acuerdo fáustico: ganar comodidad a cambio de entregar el alma.
El debut en la escena pública de ChatGPT, un generador automático de textos de la empresa OpenAI, se ha convertido en un acontecimiento tecnológico y mediático de primer orden. A las pocas semanas de su lanzamiento, más de 100 millones de personas habían experimentado cómo un algoritmo estocástico, determinado a partir del análisis textual de millones de documentos, genera textos que pueden parecer tan correctos y verosímiles como muchos de los escritos por humanos, como mínimo a primera vista.
Aunque el algoritmo actual de ChatGPT comete todavía errores de bulto, se trata de un avance tecnológico relevante, que se añade al goteo durante el último año de anuncios de éxitos de la (mal llamada) inteligencia artificial. Es también una confirmación más de que una tecnología lo bastante avanzada puede resultar indistinguible de la magia, más aún si la propaganda tecnófila se aplica a presentarla como tal. Cuando presenciamos una función de magia convencional tiene sentido aceptar sin reservas el juego que propone el prestidigitador, aun a sabiendas de que nos engaña, de que manipula con destreza nuestra...