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Turismo: así, no

Las promesas fallidas de la boyante actividad turística expanden las protestas y el malestar social, que cristaliza en la crisis de la vivienda

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Julio 2024 / 126
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Turismo en Ramblas

Fotografía
Getty images

Este verano hará más calor de lo normal, y no solo en los avisos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Durante la temporada alta estival, en la calle y en la playa, se vive un verano caliente de protestas contra un modelo turístico que, pese a dejar mucho dinero, cambia el aspecto de las ciudades, de la costa, también de las zonas rurales y de la montaña, sin redundar necesariamente en la comunidad, o incluso con efecto bumerán. Ya no hablamos de un puñado de ecologistas clamando contra un proyecto urbanístico, de las camareras de piso quejosas por sus condiciones laborales precarias o de algunos vecinos y vecinas de barrios saturados. Es un estado de ánimo cada vez más transversal que resume un grupo de jóvenes que comentan sus preocupaciones en su pódcast La sobretaula (La sobremesa), hablando de Barcelona: dicen que ya saben que el turismo trae dinero y que las masas de turistas las ayudan a concienciarse cuando son ellas las que viajan al extranjero. Pero reclaman "el bar Manolo, con el café a 1,50 euros". No quieren tardar siete veces más tiempo en llegar al trabajo por tener que sortear "grupos de guiris con paraguas". Se pitorrean de una aplicación que en Barcelona ayudará a gestionar la saturación de espacios emblemáticos como la Sagrada Familia y, de forma progresiva, todo el centro del parque temático en que se ha convertido la ciudad. No les gustan las tiendas iguales de todas partes. Ahí están las aglomeraciones en autobutes y trenes abarrotados, la presión sobre servicios públicos como la limpieza y la sanidad, el aumento de los precios, la sensación de desposesión de la ciudad,  la pérdida de comercios tradicionales y, sobre todo, la vivienda inaccesible.

El malestar se ha colado en el discurso político. Hasta la presidenta de Baleares, Marga Prohens, del PP, ha pronunciado la expresión impensable: "poner límites". El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni (PSC), promete no renovar las licencias de pisos turísticos a finales de 2028 (fuera de su actual mandato).

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Turismo extranjero

"Canarias nos hizo de espejo. Aquí también sentimos que nuestra tierra se agota", declara Margalida Ramis, una de las impulsoras de la plataforma Menos turismo, más vida en Baleares. Se refiere a la sonada manifestación que el pasado 20 de abril reunió a más de 200.000 personas de todas las islas del archipiélago canario para reclamar un cambio de rumbo económico, a la que siguió una huelga de hambre de un grupo de activistas durante 20 días.

Goteo de protestas

Sí, es un verano caliente. Después de movilizaciones más o menos espontáneas, el 21 de julio está convocada en Mallorca una protesta organizada, la primera con las islas a tope. Se preparan otras en agosto, en Ibiza. El 6 de julio fue Barcelona, en una protesta de cerca de 3.000 personas apoyada por 140 entidades. Se han registrado protestas en Cantabria. Han aparecido pegatinas y candados de pisos turísticos sellados en Málaga, donde 25.000 personas se manifestaron también a principios de julio bajo el lema "Málaga para vivir, no para sobrevivir" (5.500 personas, según la policía).

Se detectan expresiones de malestar por las consecuencias de la inicialmente celebrada captación de turismo ciclista en Girona. La Universidad Politècnica de València ha alertado sobre la saturación turística del entorno del patrimonio histórico de esta ciudad, con mediciones de número de personas en distintos puntos que "superan ampliamente el establecido en los estudios de capacidad de carga de visitantes". Empresarios como el hotelero Antonio Catalán han dejado claro que en España "no caben 15 millones de turistas más", en la apuesta por menos visitantes que gasten más. Ni siquiera hace falta que quienes nos visitan hagan gamberradas. De entrada, es que suman.

El sector estrella de la economía

El turismo es la primera actividad económica de España. Según el Banco de España, aportó el 12,8% del producto interior bruto (PIB) en 2023, más que el año previo a la pandemia, aquel golpe que dejó  KO al sector y que recordó los peligros del monocultivo turístico. En 2023, vinieron 83,5 millones de extranjeros, un nuevo récord y casi el doble de los que llegaron en el año 2001. Los datos en lo que va de año apuntan a que los récords volverán a pulverizarse. En cuanto al empleo, Turespaña ha estimado que en el primer trimestre de 2024 había aumentado el 7,7% respecto del mismo periodo del año anterior y que superaba ya los 2,75 millones de personas.

Aún hoy, 81 de los 100 destinos turísticos de España por el tamaño de su oferta de alojamiento son destinos de costa, según datos de Exceltur.

Morder la mano, o al revés

¿Por qué morder la mano que da de comer? "Es una pregunta trampa. Se insiste en que vivimos del turismo. Primero, con la expansión del trabajador pobre, constatamos que malvivimos del turismo. Ahora vemos que, cuanto más turismo, menos gente se enriquece. En realidad, el turismo vive a nuestra costa", explica Ramis, miembro del Grupo Balear de Ornitología y Defensa de la Naturaleza (GOB). "Hoy, seas funcionario, trabajador del turismo, maestro, inmigrante, residente...si no eres megarrico, el desborde del turismo te afecta", asegura.

Estamos ante un aglutinador de malestares. "No toda la desazón viene de la misma causa", explica Ivan Murray, doctor en Geografía por la Universitat de les Illes Balears y coautor de El malestar en la turistificación. "Por una parte, existe un malestar vinculado a las clases medias: ven que el proceso de turistificación ha ido invadiendo más espacios de su vida cotidiana. A veces sucede por algo muy concreto, como el reto de aparcar, como sucede en mi pueblo, Sóller, muy masificado por las excursiones de día, con un transporte público deficitario y las arterias colapsadas. Cuando siempre llegas tarde al trabajo, se cancelan posibilidades de reproducir la cotidianidad, te sientes expulsado", ejemplifica. Este malestar, añade, confluye con el del proletariado turístico, que tiene más y más difícil acceder a una vivienda.

El problema viene de atrás. Junto con Ismael Yrigoy y a Macià Blázquez, ya en 2017 Murray publicó un artículo sobre el papel de las crisis en la producción, destrucción y reestructuración de los espacios turísticos. "Durante 30 años, tras cada crisis, ha aumentado la especialización y la dependencia turísticas. El turismo ha ido ampliando su perímetro. Es un proceso de totalización que invade las distintas esferas de la vida", explica.De ahí el escepticismo que le generan los nuevos-viejos discursos políticos sobre la necesidad de desestacionalizar el turismo. "Si viene más gente todo el año y seguimos ampliando puertos y aeropuertos, no sirve. Hay que reestacionalizar".

El monocultivo de Canarias

¿Hay brotes de turismofobia? "No. Se quieren deslegitimar unas protestas que reclaman derechos como si fueran expresiones de odio. Sucede que cada vez capas más amplias de la población se dan cuenta de que las promesas del turismo son fallidas, por la gentrificación, los impactos ambientales, los problemas de acceso a la vivienda y los empleos precarios", señala Gema Martínez-Gayo, investigadora colaboradora del centro de investigación en turismo con perspectiva crítica Alba Sud, y que trabaja sobre todo  sobre la precariedad laboral en el sector.

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Gráfica empleo
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Salario hosteleria

El caso de Canarias, donde reina el monocultivo turístico, es paradigmático de esas promesas fallidas. El turismo supone el 35,5% del PIB y el 26% de la fuerza laboral. El turismo bate récords en las islas: 14 millones en 2023. Este año, un arranque "excepcional", según la Cámara de Comercio de Canarias. Sin embargo, la comunidad tiene la segunda tasa AROPE (proporción de población en riesgo de exclusión o pobreza) después de Andalucía: el 33,8%, según el INE. Pese a haber mejorado, queda aún lejos de la media española (26,5%). Canarias registra la peor proporción de personas que viven en hogares con baja intensidad de empleo (14,3%). Y su indicador Gini, que mide la desigualdad, es el más alto de España, con el 33,2.

En los manifiestos de las protestas canarias se criticaba que el 75% de los ingresos del turismo se vaya fuera de Canarias. Denunciaban los alquileres abusivos, la compra por extranjeros de una de cada tres viviendas, los cortes de agua para la población mientras los hoteles llenan jacuzzis y piscinas, los puntos de vertidos de aguas residuales al mar no autorizados y los 38.000 delitos contra la naturaleza en el archipiélago de 2001 a 2020.

Precariedad y beneficios

Malvivir del turismo es otro frente. El salario medio bruto en 2022 en la hostelería era de 15.176 euros anuales brutos, según el INE, el sector con peores sueldos. "Muchos empleos turísticos son duros desde un punto de vista físico y también psicológico, por la incertidumbre de si te llamarán. Son trabajos invisibilizados como la limpieza, las ayudantes de cocina o las camareras de piso, que presentan gran riesgo de feminización precaria. Son puerta de entrada a mujeres e inmigrantes, y de ahí ya no pasas. Viven en zonas turísticas con precios muy elevados. Es lícito preguntarse quién se lleva el beneficio", añade Martínez-Gayo.

Este panorama ha ensanchado la base de las protestas. "Vivimos un salto de escala. En las manifestaciones empieza a participar gente no especialmente politizada. El malestar es más amplio, con la crisis del acceso a la vivienda asequible como afectación más transversal", declara Daniel Pardo, miembro de la Asamblea de Barrios por el Decrecimiento Turístico (ABDT) de Barcelona. Es una de una larga lista de entidades sociales y ecologistas que impulsaron la protesta de julio en Barcelona, que pedía límites al turismo.

Pardo sabe que el turismo no es la gran causa de la crisis de la vivienda, pero subraya la relación entre el atractivo turístico y el atractivo inmobiliario. "Existe una primera capa de viviendas residenciales sustituidas por otras de uso turístico y por otras con alquileres de temporada. Y luego existe una segunda capa de viviendas residenciales no asequibles por la traslación de precios".

Hoteles contra pisos turísticos

Por la vía de la multiplicación de los pisos turísticos, los hoteleros se han sumado al cruce de malestares. En el Estudio ReviTur, la patronal Exceltur alerta de que en las 20 principales ciudades españolas el incremento medio anual de plazas en viviendas de uso turístico entre  2010 y 2019 fue del 105%. La carga turística se ha duplicado en apenas una década. En zonas del casco antiguo de Sevilla, las viviendas turísticas alcanzaron el 61,2% del parque residencial.

El boom de las viviendas de uso turístico, especialmente en entornos urbanos, son uno de los factores que están contribuyendo a "un cambio significativo en la dinámica turística"ligado a la globalización, según el estudio Transición energética y movilidad descarbonizada para un turismo sostenible, de la Fundación Primero de Mayo.

Otros factores son el desarrollo y la expansión social de tecnologías (Airbnb, Booking, TripAdvisor, etc.), los vuelos de bajo coste (el 67,6% del total en España), el fraccionamiento de las vacaciones, la ampliación de infraestructuras de transporte, el crecimiento de las clases medias asiáticas y la interiorización de que ser turista es "una aspiración vital". Cuando el antropólogo José Mansilla declaró a eldiario.es en verano: "Viajar no es un derecho", fue una bofetada para despertar.

El 11% de las emisiones

En la protesta hay una parte de conciencia ambiental. Según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), el turismo contribuye con el 11% a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en España. Un análisis económico ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha ha elevado el porcentaje al 14,2%. Según el proyecto europeo Urban Waste, un turista puede generar entre 1,5 y 2 veces más residuos sólidos urbanos que un residente.

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Turismo en España

"Medir la huella ecológica del turismo es esencial para comprender y mitigar los impactos ambientales de esta industria, y requiere un seguimiento constante", subraya Isabel Sánchez, profesora de la Universidad Carlemany. Se refiere al cálculo de las emisiones de GEI de todas las actividades (transporte, hoteles, ocio); a la gestión de residuos, al impacto sobre la diversidad y sobre el uso del suelo, al consumo de recursos como el agua, la energía y otros materiales, además de a las incidencias del turismo sobre la sociedad. "No habrá desarrollo sostenible del turismo sin participación informada de todos los agentes relevantes y sin un liderazgo político firme para lograr colaboración y buscar consenso", añade Sánchez, quien recuerda que la gentrificación no es un problema recién llegado. Se ha visto en  barrios como el de Malasaña en Madrid, pero "puede trasponerse a muchos otros de España y Europa".

Una estrategia a largo plazo

"Tampoco el malestar es nuevo. Ya emergió antes de la pandemia y concierne no a ciudades enteras, sino a ciertos espacios. Pero el reto es enorme. Es necesaria una estrategia, como mínimo, a 10 años vista, que en Barcelona no veo por ninguna parte. Solo veo soluciones parche", lamenta Ricard Santomà, vicedecano de turismo de la IQS School of Management de la Universitat Ramon Llull, para quien se debe pasar de la promoción a la gestión del turismo, con ayuda de la tecnología. Lo primero, afirma, es estudiar la capacidad de carga de acogida de cada lugar. Y aplicar elevadas tasas turísticas para que la recaudación, en lugar de servir para promover el destino, mejore la calidad de vida de los residentes y los trabajadores del sector. "El turista es un habitante temporal de nuestro espacio y debe pagar por el derecho a usar las infraestructuras. O el turismo es sostenible económica, social y ambientalmente o no es turismo. Es otra cosa".

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Viviendas turísticas