Luditas: manipulación y actualidad
Una exhaustiva historia sobre este movimiento desmiente que fuera antitecnológico y aporta pistas para retos de hoy
A finales del siglo XVIII, propietarios de negocios —hoy diríamos emprendedores— crearon en las Midlands británicas las primeras fábricas con máquinas para automatizar la producción textil. Desplazaron así a oficios manuales que daban sustento a los trabajadores, lo que destruyó la base de las economías locales en tanto que los beneficios de la automatización se concentraban en manos relativamente reducidas.
Cayeron en saco roto las protestas pacíficas y las presiones políticas de los trabajadores, así como sus denuncias de la baja calidad de la producción de las máquinas, de que los emprendedores infringían las ordenanzas sobre el empleo, de la inmoralidad de dejar a las personas sin trabajo para llenar el bolsillo de unos pocos. El aumento de la producción convertía a Gran Bretaña en una potencia económica, a la vez que multiplicaba la riqueza de las clases altas, por lo que la precarización de empleos se consideró un contratiempo inevitable, el precio del progreso. El Parlamento se puso del lado de quienes promovían la automatización y en contra de los trabajadores.