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Marcaje al monopolio Google

Los últimos reveses judiciales para Alphabet por abuso de posición dominante en distintos servicios pueden cambiar el paisaje de Internet

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Octubre 2024 / 128
pez Google

Ilustración
Nuria García

A veces, el nombre de una empresa se convierte en verbo. Hay gente que dice googlear como sinónimo informal de buscar en Internet. El uso del palabro trasluce el dominio del mercado por parte de Google Search, que controla el 95% del mercado español, —y, punto arriba, punto abajo— el europeo, y el norteamericano, y el de otros tantos países—. El propio Amit Mehta, juez de distrito de Columbia que en agosto zanjó que Google es "un monopolio", escribe incluso en su fallo que su motor de búsqueda general "está ampliamente reconocido como el mejor en EE UU", una afirmación que ha servido al gigante tecnológico californiano para replicar con sorna, antes de anticipar un recurso al fallo, que, "por tanto,  no se nos debería permitir hacerlo fácilmente accesible".

De lo que Alphabet, conglomerado del que Google Search forma parte, no habla es de cómo ha logrado alcanzar tal control del mercado con una herramienta propia sujeta a la lógica de la economía digital, según la cual los resultados se afinan y  mejoran a medida que se va aumentando la cantidad de personas usuarias; en su caso, cuantos más datos se acumulan sobre qué se busca y con qué palabras. Las empresas ya se presentan en Internet para que Google las encuentre. Muchas pagan por ello.

De admirar a rechazar

Nunca como ahora gobiernos, instituciones y empresas habían asediado al gigante dirigido por Sundar Pichai. Según Christian Bergqvist, profesor asociado de la Universidad de Copenhague y experto en derecho de la competencia e innovación, al menos hay abiertos 100 casos antimonopolio contra Google; entre otros, en Brasil, Corea del Sur, India, Turquía, Sudáfrica, la Unión Europea y Estados Unidos. En un artículo en ProMarket, publicación del George J. Stigler Center de la Universidad de Chicago, Bergqvist afirma que Google ha pasado en pocos años de que los gobiernos la amen a que la detesten.

La mayoría de los casos tocan las mismas teclas. Unos versan sobre la cesión a fabricantes de teléfonos inteligentes del sistema operativo Android, con preinstalación del motor de búsqueda Search y el navegador Chrome; a veces, mediante pactos aderezados con pagos por ingresos en publicidad. Otros tienen que ver con las comisiones de Google Play, la tienda desde la que se descargan aplicaciones la empresa. El autofavoritismo es un tercer frente: Google privilegia sus productos (mapas, compras, vídeos, etc.) frente a los de sus rivales, cosa que se agrava si, además, rebaja la visibilidad de estos.

El resto tiene que ver, principalmente, con el mercado publicitario en línea. Google está en todos los eslabones de la cadena: gestiona campañas a través de subastas de anuncios con precios no siempre ventajosos para editores y anunciantes, o se le acusa de complicarle la vida a quien intenta que sus anuncios en cualquier sitio de la red no los gestione Google.

"Cambio de relato"

Aunque hay procesos que se remontan a tres lustros —la empresa nació hace 26 años—, en los últimos meses se han acumulado unos cuantos reveses judiciales para Alphabet, circunstancia que lleva a poner en boca del profesor de Derecho Mercantil de la Universidad Antonio de Nebrija Fernando Díez Estella la expresión "cambio de relato". Este experto en competencia se refiere a que hasta ahora predominaba "la narrativa de que el derecho de la competencia no era capaz de hacer frente a las big tech, y las últimas decisiones  marcarán profundamente la evolución del resto de expedientes".

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Cuota de mercado
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Negocio publicitario

De momento, Yelp, que permite a los usuarios escribir reseñas de negocios locales, se ha animado a presentar una demanda antimonopolio contra Google. Alega que retiene al consumidor en su "jardín amurallado".

Fallo tras fallo

La cosa está que arde. En diciembre pasado, un juez se decantó a favor de la denuncia del desarrollador de videojuegos Epic Games, sobre cómo Google gestiona la tienda de app.

En agosto, otro juez dio la razón al Departamento de Justicia de Estados Unidos por lo que respecta al buscador, y puso en el foco los 26.300 millones de euros que, solo en 2021, pagó para ser imprescindible en sus dispositivos.

En septiembre, la Autoridad de Mercados y Competencia del Reino Unido consideró que Google había "abusado de su posición dominante" en la publicidad en línea en detrimento de miles de editores y anunciantes británicos. El mismo mes, otro proceso antitrust tuvo lugar en Estados Unidos, pues el Departamento de Justicia afirma que el sistema tecnológico publicitario de Google no respeta la ley y explicita que la empresa debe desinvertir en el negocio. Google replica que cualquiera puede anunciarse en Facebook, Instagram y Amazon.

A ello se suma la confirmación por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) de la multa de 2.424 millones de euros a Google impuesta por la Comisión Europea en 2017, que versa sobre cómo la compañía "autofavorece" sus productos en comparación con otros, cuya visibilidad rebaja. Bruselas le ha multado, además, por abuso en posición dominante en el mercado publicitario (1.490 millones de euros, que acaba de ser anulada en primera instancia) y también por "imponer restricciones ilegales" a los fabricantes de móviles Android y a los operadores de redes móviles en favor de su motor de búsqueda (un multazo de 4.126 millones).

Para Díez, es difícil hilar fino a la hora de atribuir qué parte del dominio viene de prácticas anticompetencia y qué parte a la calidad del producto. Para Juan José Ganuza, catedrático de Economía y Empresa de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y director de Mercados, Regulación y Competencia de Funcas, está claro: "Tener una posición de dominio no es ilegal. Lo que no se puede es hacerle la vida imposible a nuevos entrantes".

Y ahora, ¿qué?

Ahora hay que ver si se obliga a desinvertir en negocios (o parte) que se retroalimentan, o si eliminar cláusulas excluyentes para terceros, o si obligar a que el usuario elija... "En Europa, que, pese a la tradición antitrust de Estados Unidos, ha sido pionera en este tema,  hay menos cultura de forzar la división de una empresa gigante, mientras que en EE UU sí hay precedentes [caso de AT&T, por ejemplo]. Casi es más fácil romper una empresa que intentar regular de forma efectiva su actividad", apunta Ganuza. Si ya eres el rey, es difícil que, si te dan a elegir, elijan a otro. Para Díez, pese a lo vistoso de forzar un desmantelamiento, "delicado porque es decirle a una empresa cómo debe ser su negocio, son más efectivos los pactos".

El dinamismo del sector tecnológico complica las cosas. La última multa confirmada por el TJUE es fruto de un proceso iniciado hace más de 12 años. "Cuando se multó a Google por su comparador Google Shopping, Amazon era un enano", recuerda el profesor de la UPF. Podría pasar lo mismo con la inteligencia artificial, en la que Microsoft va por delante.

De ahí la importancia de la Ley de Mercados Digitales que ya se aplica en Europa. No se trata de castigar ex post una práctica ilegal, sino de prefijar obligaciones a gigantes con millones de usuarios (gatekeepers), como Google. Con ellos se abre un "diálogo regulatorio". Por esta vía, Bruselas ya investiga, con amenazas de multa millonarias.