Palabros de la economía: no se asuste

  • Agosto 2017

    La jerga económica parece a menudo indescifrable para el ciudadano medio, pero casi todos los conceptos pueden explicarse de forma didáctica y hasta divertida. Nueve ejemplos para perder el miedo.

    ILUSTRACIONES: PERICO PASTOR

    Ilustración: 
    Perico Pastor

    Recuerdo que hace mucho tiempo, un día en que acompañaba a mi padre de compras, me paré ante un escaparate en el que estaba expuesto un coche a pedales. A mi exclamación de“¡Papá, quiero uno igual!”,  él respondió con un, “no soy una plancha vestida”, que me dejó sin palabras.

    Encerrar permanentemente un líquido en una trampa es todo un reto: o se evapora o se filtra. Todos los viticultores saben que es necesario rellenar las barricas en las que envejece el vino; es decir, completar de vez en cuando el nivel, que tiende a disminuir (la denominada “parte de los ángeles”) para evitar que el contacto con el aire transforme el vino en vinagre.

    ¡Stop, abandonad el cincel, olvidad los explosivos! La destrucción creadora no consiste en demoler todo lo que nos cae en las manos para aumentar nuestra cotización, como si de un artista contemporáneo en plena performance se tratara. 

    No se engañe: el término no se ha acuñado pensando en su abuela, que le quiere tanto y le salvó aquella vez en que estaba tan endeudado que podían desahuciarle. Y mucho menos en la Mafia, que le prestó dinero cuando nadie quería hacerlo, pero que a cambio le impone un interés prohibitivo del 100% mensual y le amenaza con cortarle la mano derecha si no paga un plazo.

    Amigas lectoras, amigos lectores, les voy a prevenir de inmediato: no saldrán indemnes de la lectura de este artículo.  La economía no es fácil de entender (por eso existe Alternativas Económicas), pero como personas interesadas en la cosa económica, seguro que han oído hablar de la “mano invisible”, puesta de relieve por Adam Smith a finales del siglo XVIII.

    A diferencia de los desalmados mediocres que se dedican a fanfarronear, las externalidades son discretas, sobre todo cuando son negativas: avanzan a escondidas. Por ejemplo, se agazapan tras un amable agricultor. Miradle, inspeccionando el trigo con el que mañana se fabricarán nuestras barras de pan y nuestros bollos.

    Todo el mundo conoce al consumidor parásito: el chico que salta por encima del torniquete del metro para viajar gratis. Una versión más humorística es la de Pistoleros de agua dulce, una película de 1931 en la que los hermanos Marx se esconden en unos toneles para efectuar una travesía en barco sin pagar el pasaje.

    Cuando, al sonar la duodécima campanada, Cenicienta vio cómo su lujoso traje de baile se transformaba en andrajos, sufrió un cambio completo de personalidad y, por tanto, de comportamiento. No es raro, en la vida económica francesa tenemos el caso de un famoso economista que ahora no cesa de proferir imprecaciones.

    Estamos en 1977 y un extraño mal asuela el pequeño reino de los bátavos, antaño tan floreciente. No hay quien entienda lo que ocurre. En 1959 se había recibido con entusiasmo el descubrimiento de yacimientos de gas en la bella provincia de Groningue y más lejos, en el mar del Norte.

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