Una nueva esperanza
La creación en España de un Consejo Global para una Economía del Bien Común abre una ventana de esperanza hacia un modelo económico más justo, sostenible y participativo. El reto será convertir sus principios en políticas transformadoras con una implicación real de la sociedad civil.
No hay cosa mejor que levantarse un día por la mañana y, en vez de ver, oír y leer la inmensa retahíla de noticias que parecen aventurar un final próximo del mundo tal y como lo conocemos, invadirnos una inmensa sensación de esperanza en que este desventurado planeta tan herido pero, sorprendentemente, con una capacidad de resiliencia sin igual, pueda encontrarse con una pequeña semilla de lo mejor que pueda dar el ser humano: su capacidad de imaginar que otro mundo y diferentes ideas son posibles.
Todo lo anterior viene a colación de la noticia acerca de la próxima creación por parte del gobierno progresista de coalición en España de un Consejo Global para una Economía del Bien Común. Las ideas de Christian Felber, verdadero adalid global de esta clase de filosofía económica verdaderamente transformadora de las relaciones comerciales y de la creación y redistribución de la riqueza, finalmente encuentra una de sus primeras plasmaciones institucionales en la decisión del gobierno español de crear este nuevo organismo con vocación de permanencia en el tiempo y, confiemos, en verdadera capacidad propositiva y de cambio de las estructuras económicas nacionales imperantes.
No obstante, no conviene engañarse porque hay mucho camino por recorrer, hacer y mejorar pero el hecho de que se encuentre cerca como una de las voces inspiradoras del consejo a la economista Mariana Mazzucatto alienta esperanzas en que este órgano no se quede en un mero instrumento consultivo acerca de la política económica del gobierno sino que tenga voluntad de transcender en propuestas políticas, económicas y sociales y no se quede únicamente en su ámbito territorial sino que pueda servir de ejemplo para que organizaciones supranacionales como la Unión Europea y la ONU y sus organismos asociados realicen propuestas similares o se sumen a los espacios de debate que surjan de la creación de este Consejo Global y que permitan una mayor y mejor implementación de políticas económicas que superen la vieja controversia entre Capitalismo y Economía Planificada y puedan constituir la semilla de una nueva concepción de las doctrinas económicas al servicio de la ciudadanía, como siempre debió ser.
Para contribuir a este fin, este Consejo tiene como principios principales los siguientes: justicia, igualdad, sostenibilidad y solidaridad global. Pueden parecer conceptos vagos que pueden llenarse con prácticamente cualquier propuesta más o menos bien redactada y bienintencionada pero, de la conformación de dicho órgano depende que se le dote de contenido a estas guías y permitan concretarse en verdaderos acicates del cambio. No será fácil pero la sociedad civil deberá jugar un papel fundamental.
En este sentido hay una cuestión capital en la conformación institucional del estado español y sus autonomías. Nos referimos a la participación ciudadana y su articulación.
Hay normativas de participación ciudadana en la práctica totalidad de comunidades autónomas y reglamentos de participación ciudadana en múltiples territorios y corporaciones locales. Estas normativas, al estar sometidas a la Constitución, cuestión por otro lado lógica, tienen un pro y un contra muy definitorios, tanto de su capacidad y alcance de actuación como de sus limitaciones. Me refiero al hecho de que permiten la creación de múltiples órganos participativos de diferentes ámbitos territoriales y competencias en donde, además, se permite y fomenta la participación de personas físicas y jurídicas, asociaciones y colectivos que pueden expresar su opinión y realizar las propuestas que consideren necesarias en su ámbito de actuación correspondiente pero, al mismo tiempo, impide la adopción de decisiones vinculantes respecto a los poderes públicos que han creado dicho órgano, limitándose a poder expresar propuestas, ideas, sugerencias, recomendaciones pero sin verdadera capacidad de decisión e implementación en una clara actitud subalterna de la sociedad civil en la conformación de las políticas públicas.
Hacemos este inciso porque sería recomendable que este Consejo Global tuviera verdadera participación activa de la sociedad civil de nuestro país, sin descuidar la participación de políticos, economistas y otras personalidades con competencia técnica y decisoria pero, reiteramos, es recomendable y necesario, escuchar, aprender y sobre todo, ser capaces de implementar con verdadera vocación transformadora políticas que redistribuyan la riqueza, que tengan en cuenta a aquellos más desfavorecidos que llevan años sufriendo las consecuencias de las políticas económicas neoliberales cuyas consecuencias se dejan sentir todavía en amplios estratos de la población en donde la pobreza infantil crece y, al contrario de lo que las políticas económicas capitalistas y neoliberales pregonan, la creación de riqueza no se va derramando por todas las capas poblacionales sino que siempre tiende a quedarse en el mismo sitio: en aquellos que más riqueza poseen.
Confiemos, pues, en que la creación de este Consejo Global para una Economía del Bien Común se confirme como una oportunidad y una nueva esperanza que permita sentar las bases de una nueva estructura socioeconómica en donde los desheredados puedan sentir que la historia no les posterga nuevamente y que pueda desarrollar verdaderas políticas que mejoren las posibilidades redistributivas del sistema económico y que sean auténticamente transformadoras de la realidad social de las posibilidades de aquellos que menos tienen.
Y, sobre todo, que sea un órgano participativo, propositivo, proactivo donde se escucha y comprenda a todo aquél que tenga algo que decir.
Literalmente, nos va la vida en ello.