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Desenganche urgente de las energías sucias

Las guerras en Ucrania y Oriente Próximo ponen en primera línea la necesidad de ganar soberanía energética, entre llamamientos a acelerar la apuesta por un modelo económico basado en energías limpias socialmente justo y técnicamente viable.

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Junio 2026 / 147

Lo que no logra el cambio climático lo pueden las facturas del gas y el petróleo, el coste de la vida, la incertidumbre económica y el temor a los problemas de suministro. Además de causar muerte y destrucción, las guerras con mayor repercusión internacional, en Ucrania y Oriente Próximo, están actuando de catalizador de los discursos a favor de las energías limpias. 

La seguridad nacional y la de Europa pasa, más allá de los drones y los tanques, por la soberanía energética. Y ello a pesar de Donald Trump, su eslogan  “drill, babe, drill” (“perfora, nena, perfora”, siguiendo la línea de la republicana Sarah Palin) y la retirada de los Acuerdos de París contra el cambio climático por parte de Estados Unidos, segundo mayor emisor de CO2 del mundo tras China y erigido en potencia exportadora de hidrocarburos... O gracias a Trump, cuya escalada bélica directa contra Irán, junto con Israel, no solo ha provocado inestabilidad mundial, sino que, sumándole la respuesta iraní, está evidenciando lo frágil del sistema energético actual y de un modelo económico basado en combustibles fósiles. 

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