Marruecos, el vecino incómodo
El país ha ido ganando peso geopolítico y económico en los últimos años, reforzado por EE UU. Pese a las tensiones migratorias, la UE, su principal socio comercial e inversor directo, ha ido tejiendo cada vez más vínculos en ámbitos como la seguridad, las infraestructuras y las energía limpias.
Marruecos es un vecino incómodo, con el que, por encima del ensordecedor ruido político, todos los gobiernos españoles han intentado llevarse lo mejor posible. No es baladí la deferencia de reservar a este país del Magreb el primer viaje oficial al extranjero, que en democracia inauguró Felipe González y que Pedro Sánchez no cumplió al estrenarse, según las crónicas de la época, por las largas iniciales en la agenda que le dio el rey Mohamed VI. Esta relación bilateral singular, geografía aparte, tiene raíces históricas. En ellas se mezclan los flujos migratorios y cuestiones de soberanía —la reivindicación marroquí de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y el futuro del Sáhara Occidental, que había permanecido bajo dominio español durante casi un siglo. Pero no solo. Además del diálogo cultural, la marroquí es la comunidad extranjera más numerosa en España, con más de un millón de personas, que en 2025 mandaron casi 1.600 millones de euros en remesas a su país, el 1% de la economía marroquí.
El peso geopolítico del vecino al otro lado del estrecho de Gibraltar ha ido a más en los últimos...