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“La izquierda que no se alíe con el centro no tiene futuro en América Latina”

Entrevista al exministro de Brasil y exalcalde de Porto Alegre

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Diciembre 2023 / 119
Tarso Gento

Fotografía Andrea Comas

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A principios de la década de 1990, siendo alcalde de Porto Alegre, Tarso Genro impulsó el presupuesto participativo, una fórmula que se extendió a cientos de ciudades del resto del mundo y que hoy sigue siendo una referencia para muchos ayuntamientos de izquierda. Ya iniciado el siglo, fue ministro en los primeros gobiernos de Lula, de quien es amigo personal, y presidió el Partido de los Trabajadores (PT), al que ambos pertenecen. Ahora dirige el Instituto Novos Paradigmas, dedicado a la promoción de la democracia en América Latina. Recientemente visitó Madrid para reencontrarse con amigos y compañeros y debatir sobre el futuro de la socialdemocracia y el avance de los populismos.

¿Cómo definiría el estado de la democracia en América Latina? ¿Está mejor o peor que a  principios de siglo?
Está mejor, pero en crisis, porque los límites de la democracia liberal representativa constriñen las demandas sociales y las necesidades económicas de los Estados latinoamericanos. Los cambios ocurridos en el sistema del capital global, que han fragmentado la estructura de clases, no satisfacen las necesidades derivadas de esa fragmentación. Mucha gente se siente subrepresentada o no representada, y ello acaba reduciendo la fidelidad de las personas al pacto democrático moderno.

Parte de las clases populares parecen haber perdido la confianza en la izquierda. ¿Por qué?
Existe una doble causa. La primera es el cambio orgánico en la estructura de la producción del capital al que me refería antes, que ha fragmentado las clases obreras y los movimientos políticos de emancipación. Y en segundo lugar, la vieja izquierda, de la cual provengo —fui militante comunista en mi juventud, y no me arrepiento de ello— no ha comprendido esos cambios. Y como no los ha comprendido, no ha reorganizado su cabeza, su subjetividad y sus estructuras orgánicas para poder relacionarse con este nuevo mundo.

¿Qué sectores de la  izquierda latinoamericana sí han comprendido este cambio de paradigma?
Los partidos con cuadros que han comprendido o buscan comprender estos cambios son el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, el Partido Socialista de Chile y, particularmente, el Frente Amplio de Uruguay. Son tres vértices de comprensión innovadora de la izquierda que tenemos en América del Sur. 

¿No incluye en ese grupo al presidente chileno, Gabriel Boric? 
El proyecto de Boric tiene una limitación grande, pues no tiene partido ni conexión orgánica con sus bases sociales. No ha comprendido los cambios radicales que se han producido. El suyo es un liderazgo importante para el futuro, pero hasta ahora no ha podido organizar una base política interna que integre el centro con la izquierda. Porque la izquierda que hoy no se alía con el centro en América Latina no tiene posibilidades de futuro. El centro, en Chile, está representado por el Partido Socialista; es una contradicción muy interesante. 

¿Cómo ve la situación en Brasil tras el regreso de Lula a la presidencia?
Brasil es un buen ejemplo de la comprensión de los cambios que están ocurriendo. Nuestro partido, el PT, viene de una estructura absolutamente corporativista del movimiento sindical, pero nuestro líder es el presidente Lula, que ha comprendido esa necesidad de acercarse al centro, e incluso al centro-derecha. Lula ha incorporado a su Gobierno tres elementos centrales para iniciar el cambio: primero, una política exterior asertiva, abierta y con personalidad política soberana; segundo, ha emprendido una lucha extraordinaria contra la pobreza, rescatando los programas centrales de su anterior gobierno para combatir el hambre; y una tercera cuestión, que tiene mucho que ver con una experiencia genuina de nuestro país: ha recuperado la participación de la sociedad en la elaboración de las políticas públicas.

Son tres movimientos sustanciales para emprender una nueva travesía, que comienza con un proyecto llamado Nueva Estructura Fiscal, comandado por mi amigo y viejo compañero de lucha Fernando Haddad, ministro de Hacienda.

A pesar de la derrota electoral de Bolsonaro en Brasil, el populismo de ultraderecha sigue vivo en América Latina. ¿Qué se puede hacer para frenarlo?
Es una cuestión que aún no está resuelta. Nuestras debilidades son demasiado grandes para enfrentarnos al sistema del capital global. 

Tarso Genro

La situación de dependencia derivada de la enorme deuda pública de los Estados hace que nuestros márgenes de maniobra económicos sean muy pequeños. Y estos márgenes generan alteraciones de conciencia y adhesiones al proyecto neoliberal como si fuera la única opción posible.
 

Usted es un gran defensor de una mayor integración política y económica latinoamericana. ¿Es este un momento favorable a avanzar en esa dirección?  
Creo que sí. No solo es un momento favorable, sino un objetivo necesario, porque la multipolaridad global exige hoy nuevas formas de articulación de los partidos, de los Estados y de los liderazgos que no están en el centro orgánico del sistema del capital. Por ejemplo, el presidente Lula está desarrollando una política muy abierta en el plano internacional. Tiene óptimas relaciones con el presidente francés, Macron, con Biden, con Pedro Sánchez y con muchos otros líderes mundiales. La diversidad en la actitud exterior de los líderes latinoamericanos abre la posibilidad de crear nichos de relaciones balizados con intereses recíprocos en el contexto de la nueva hegemonía sistémica global.

¿Pero en qué aspectos concretos se puede ir avanzando?
Primero es necesario comprender que la cuestión de la seguridad ha cambiado radicalmente. La seguridad nacional, la seguridad del Estado y la seguridad pública hoy integran un mismo territorio, no se pueden separar. Segundo, se puede establecer un sistema de intercambios en monedas locales para que la riqueza no se supedite al mercado mundial. Y en las relaciones internacionales hay que rescatar la protección de los derechos humanos, no la protección de los intereses de las oligarquías locales, como se hizo siempre en América Latina. Tenemos aliados hoy para esto: España, Portugal, EE UU, Francia… Son países con una visión estructurada de los derechos humanos, de la inmigración, de la protección de los más débiles, como muestra la experiencia socialdemócrata europea, la Europa social.

En el terreno medioambiental, ¿cómo pueden los países latinoamericanos actuar conjuntamente?
Es preciso encajar una cuestión plenamente latinoamericana como la protección de la Amazonia en una causa universal como es la defensa del medio ambiente. Brasil está empezando a revertir la devastación que ha causado Bolsonaro y ha reducido en un 47% las ocupaciones ilegales de tierras. Nos hemos comprometido a recaudar recursos para crear un fondo internacional destinado específicamente a la protección del Amazonas. Y todos los países limítrofes están involucrados en la iniciativa.

¿Qué daños ha dejado en herencia Bolsonaro tras su paso por la presidencia de Brasil? 
Son inestimables todavía. Bolsonaro degradó la historia política de Brasil cuando emergió con un discurso de odio, violencia y muerte. Ha desarrollado una política necrófila. Ha defendido lo contrario de lo que dijo Unamuno en su famoso discurso. Dijo: viva la muerte, abajo la inteligencia. Y lo peor de todo es que una gran parte de las clases dominantes, de la clase empresarial brasileña, aceptó eso, demostrando que no tiene ningún aprecio por la democracia. Por fortuna, el bolsonarismo se topó con tres puntos de resistencia: la estructura institucional brasileña, encarnada principalmente el Supremo Tribunal Federal; una gran parte de las Fuerzas Armadas, que fueron gradualmente desvinculándose del bolsonarismo y que no aceptaron participar en un golpe de Estado, y sectores sindicales, de la intelectualidad, progresistas, e incluso de centro derecha, que dijeron basta. Pero no hubo una resistencia de masas, desafortunadamente. Al ser un político extremadamente radical, y radical sin fundamento, Bolsonaro no tiene posibilidades de volver. Si la extrema derecha retomase el poder algún día, no sería con una persona como él, que ha dejado tantas marcas. Lula está desmontando el bloque del poder bolsonarista, porque incluso ha atraído hacia el Gobierno a la derecha, incluyendo una pequeña parte de ella que estuvo con Bolsonaro, que se arrepintió y ahora quiere una proximidad al poder. Lula ha tenido la habilidad y la capacidad de desarrollar una nueva hegemonía en la política del país.  

Brasil ha adoptado una posición neutral en la guerra de Ucrania y no se ha sumado a la condena ni a las sanciones por la invasión rusa. ¿Qué hay detrás de esa decisión?
Creo que es una formulación pragmática del Itamaraty (nombre con el que se conoce al Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil) con el respaldo del presidente Lula. Entiende que los gobiernos de Ucrania y Rusia son vulnerables al militarismo, a grupos fascistas internos involucrados tanto con Putin como con el presidente ucraniano. Hay también una derivada europea. Entendemos que una victoria de Putin desestabilizaría el pacto europeo y colocaría a EE UU en una posición de mando total en Europa. Son razones pragmáticas, no son razones ideológicas. Es una posición que también tiene que ver con la soberanía nacional y con la integración de Brasil en el mundo con un estatus de influencia política superior al que ha tenido hasta hoy.

El centro del poder económico y estratégico del mundo se está desplazando hacia Asia. ¿Qué papel puede desempeñar América Latina en este cambio en el orden mundial?
Los países latinoamericancos pueden desarrollar una política exterior combinada, más integrada, pero respetando las particularidades de cada país. Es natural, por ejemplo, que Boric tenga más propensión a relacionarse con EE UU, que Uruguay tenga necesidad de articularse más con China. El único error que podemos cometer es hacer una política cerrada que no respete esas particularidades, porque las relaciones económicas, políticas y militares globales serán, de ahora en adelante, fraccionadas y paralelas. No habrá más una división en dos bloques antagónicos como tuvimos tras el pacto de Yalta.

¿Qué consecuencias puede tener para América Latina y el resto del mundo el regreso de Trump a la Casa Blanca?
La victoria de Biden fue uno de los motivos externos por los que no triunfó el golpe de Estado promovido por Bolsonaro. La CIA y el mando militar de EE UU explicitaron a los militares brasileños que no había posibilidad de aceptar un golpe de Estado en un país como Brasil. Una victoria de Trump sería una catástrofe. Que Dios nos ayude si así ocurre.

Usted impulsó el presupuesto participativo cuando era alcalde de Porto Alegre y la democracia participativa como gobernador del Estado de Rio Grande do Sul. ¿Qué balance hace de la experiencia y de su extensión a otras ciudades y países?
Fue una experiencia virtuosa. A la vista de los cambios de los que hablé en mi primera respuesta —la alteración de la estructura de clases, la fragmentación de la participación, de los partidos, de los sindicatos… la pérdida de importancia de la producción fabril— es necesario recurrir a nuevos métodos y planear una integración de la participación virtual y de la participación presencial, optimizando la participación virtual y ampliándola, no reduciéndola. Esta combinación puede ser un elemento clave de una futura democracia participativa que integre las grandes conquistas tecnológicas y digitales de la humanidad hasta hoy.

El narcotráfico sigue condicionando la política en muchos países latinoamericanos. ¿Se le ocurren algunas medidas para reducir su influencia?
En América Latina siempre hemos defendido que el narcotráfico tiene influencia política en todo el mundo. Nosotros  notamos un impacto mayor porque nuestras prevenciones internas contra el narcotráfico son tradicionalmente pequeñas y tienen una visión meramente policial. 
No se ha abordado como una cuestión de seguridad del Estado, algo de lo que Nuevos Paradigmas, el instituto que presido, está intentando ayudar a tomar conciencia. El próximo periodo de la lucha armada en América Latina, si llegara a suceder, será una lucha armada de la narcoguerrilla, no de los revolucionarios. La integración, aunque parcial, que hubo entre la guerrilla colombiana y el narcotráfico mostró que este podría ser el futuro.

¿Quién es?

Tarso Genro

Abogado y dirigente histórico del Partido de los Trabajadores (PT), Tarso Genro lo ha sido casi todo en la política brasileña: diputado federal, alcalde de Porto Alegre, gobernador del Estado de Río Grande do Sul y ministro de Educación, de Relaciones Institucionales y de Justicia durante los dos primeros mandatos de Lula, entre 2003 y 2010. Es, además, ensayista, poeta y profesor universitario. A sus 76 años, preside el consejo director del Instituto Novos Paradigmas, que se define a sí mismo como un espacio de análisis, reflexión y estudio dedicado a promover la democracia en el que participan militantes, líderes políticos e intelectuales de distintas formaciones de Brasil y otros países.