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Siempre Murphy

La única ley económica realmente inexorable es la de Murphy. Solemos atribuir al ingeniero Edward Aloysius Murphy lo de que “si algo puede salir mal, sale mal”. En realidad, no dijo eso. Aunque habría seguido teniendo razón.

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Julio 2022 / 104

Ilustración
Darío Adanti

La única ley económica realmente inexorable es la de Murphy. Solemos atribuir al ingeniero Edward Aloysius Murphy lo de que “si algo puede salir mal, sale mal”. En realidad, no dijo eso. Aunque habría seguido teniendo razón. Lo que el ingeniero Murphy, especialista en seguridad aeronáutica, dejó establecido fue que si hay varias opciones y una de ellas puede llevar a la catástrofe, alguien elegirá esa opción.

Ahora mismo, con una guerra en Ucrania y con Rusia en modo Atila, la situación económica es tan incierta que ya no importa la realidad de hoy (mala, lo sabemos) sino lo que creemos que va a pasar mañana. En tiempos de inflación lo que cuenta son las expectativas. El juego dispone de opciones múltiples. Por tanto, alguien se quedará con la catastrófica. Si nos atenemos al espíritu de la ley de Murphy, podemos sustituir lo de “alguien” por “casi todos”.

Los bancos centrales tienden a creer en la teoría monetaria, porque en qué van a creer si no: su único margen de actuación gira en torno al dinero y su precio. Según el monetarismo, la inflación se genera por un exceso de demanda. Por tanto, se sube el precio del dinero (eso son los tipos de interés), baja la demanda y asunto resuelto.

Resulta evidente que no se ha disparado el consumo de energía (eso sería un problema de demanda), sino que compramos la energía mucho más cara. La única solución consiste en abaratar la energía. Pero eso, de momento, es imposible. Por tanto, los bancos centrales suben los tipos de interés. No porque vaya a servir de algo, ellos saben muy bien que no, sino porque tienen que hacer algo y eso es lo único a su alcance.

Si la subida de tipos de interés sale mal, tendremos inflación más recesión

Y no tengan la menor duda: alguien acabará entonces eligiendo la opción más catastrófica

Ahí asoma Murphy: se elige la opción que lleva más directamente a la recesión, es decir, a un agravamiento de la crisis. Cualquier banquero central argumentará, con un punto de razón, que se trata de un simple juego psicológico. La inflación se alimenta de expectativas. Las empresas suben precios de forma anticipada para mantener su margen de beneficios, los trabajadores piden mejores salarios para llegar a fin de mes y la bola sigue rodando. Con las subidas de tipos, los bancos centrales intentan convencer a los agentes económicos (desde las eléctricas que se hacen de oro hasta el currito asfixiado) de que la inflación se frenará. La idea es cambiar las expectativas.

Otra vez Murphy, ahora en su versión espuria. Eso puede salir bien o salir mal. ¿Recuerdan cuando se decía que la inflación iba a ser cosa de un par de meses? Puro farol psicológico. ¿Funcionó? Para nada. Lo suyo es que el truco vuelva a fallar.

Si la cosa saliera muy mal, tendríamos inflación más recesión. Eso, que se llama estanflación, abriría otra serie de opciones. Y no tengan la menor duda: alguien acabaría eligiendo la más catastrófica.