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Por qué López Obrador es tan popular

El mandatario ha alcanzado cotas de apoyo insólitas y su partido domina todas las regiones e instituciones del país al mantener en el gobierno la misma prioridad que en campaña: la lucha contra la pobreza

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Octubre 2022 / 106

Ilustración
Andrea Bosch

México tiene un producto interior bruto  (PIB) similar al de España, pero su PIB per cápita es tres veces inferior. En la república mexicana hay más de 50 millones de personas en situación de pobreza. De ahí el eslogan de 2006 de la primera campaña presidencial de Andrés Manuel Lopez Obrador, conocido como AMLO: “Por el bien de todos, primero los pobres”.

Se trató de mercadotecnia política eficaz, ya que AMLO ganó ya entonces; solo el fraude electoral impidió que él fuera presidente ese año. Hubo protestas masivas en 2006. Miles de activistas paralizaron durante 47 días el centro de la Ciudad de México, una megalópolis de 21 millones de habitantes.
 
AMLO lo hizo para impedir una revuelta violenta. Sus enemigos usaron el plantón para atacarlo con campañas de desprestigio. No cumplieron su propósito, ya que la popularidad de López Obrador creció y lo intentó de nuevo en 2012. No lo logró porque se unieron en su contra los partidos políticos tradicionales, los medios de comunicación y la clase empresarial.
 
Las campañas de descrédito arreciaron, pero tampoco dañaron la reputación del político de izquierda. En su tercera oportunidad, en 2018, AMLO arrasó. Y hoy su partido gobierna prácticamente todas la regiones en México, controla las cámaras legislativas y ha colocado a 4 de 11 integrantes de la corte suprema. Decía la publicidad de la empresa telefónica del magnate Carlos Slim: “Todo México es territorio Telcel”. La monopólica realidad en telecomunicaciones tiene su paralelo en política: “Todo México es territorio López Obrador”.
 

Sondeos al alza

 
AMLO ha llegado a la última parte de su gobierno —no hay reelección presidencial—, con su partido ganando elecciones hasta en los municipios más pequeños. La razón es la popularidad de López Obrador, altísima y creciente. Una encuesta reciente de MetricsMx encontró que el 74% de la gente aprueba total o parcialmente a su presidente. Ocurre así porque el eslogan de las tres campañas presidenciales (“Por el bien de todos, primero los pobres”) se ha convertido luego en la gran prioridad de su presidencia, con transferencias directas de recursos a más de 15 millones de familias. Muchas otras han encontrado empleo gracias a programas sociales como Sembrando Vida, que ha reforestado 500.000 hectáreas de bosques y selvas, pero sobre todo por las obras de infraestructura en las regiones de México con mayor marginación, como el Tren Maya en el sureste del país.
Imagen
AMLO
Andrés Manuel López Obrador
El nacionalismo energético es otra promesa cumplida. La rectoría del sector la han recuperado dos empresas públicas, Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos. Ello ha representado fuertes diferencias con España al sostener López Obrador que las empresas de energía españolas son saqueadoras. Y, lo más delicado, el nacionalismo energético ha causado una importante disputa con EE UU y Canadá, los dos socios de México en el bloque comercial norteamericano. Si no se soluciona acarreará consecuencias dañinas para la economía mexicana y, por tanto, para el futuro de la 4T.
 
¿La 4T? Cuarta Transformación. Así bautizó AMLO a su gobierno. Hubo otras tres transformaciones —tres guerras— en la historia patria: la Independencia (1810), la Reforma (1858) y la Revolución (1910). Según el relato oficialista, la 4T podría ser la primera transformación pacífica en un país siempre violento.
 

Crimen

 
La sociedad mexicana ha sido duramente castigada por el crimen. Aquí hay otra promesa todavía no cumplida. AMLO ha cambiado la estrategia, que desde 2006 fue militar y solo generó cientos de miles de asesinatos. En el nuevo enfoque, las fuerzas armadas no renuncian a su rol, pero ahora se busca que los soldados no sean combatientes contra los cárteles de la droga, sino policías capaces de desarticular a los grupos de delincuencia organizada.
 
México, reino de monopolios privados, ha sido territorio Telcel y lo sigue siendo. No solo por el dominio de la telefónica del magnate Slim en el mercado: el empresario es también uno de los principales constructores de obra pública; los otros son también grandes capitalistas con quienes AMLO ha establecido alianzas. 
 
López Obrador sabía que los factores reales de poder no le permitirían llegar a la presidencia si no se acercaba al centro. Así lo hizo. Inclusive sumó como estratega a un potentado, Alfonso Romo, quien en otro tiempo manejó —era su trabajo— el patrimonio del dictador chileno Augusto Pinochet.
 
No fue Romo el único aliado del izquierdista AMLO venido de la derecha. En su primer gabinete participaron connotados personajes no identificados con la izquierda. López Obrador integró inclusive un consejo asesor empresarial con poderosos hombres de negocios. La gran promesa que les hizo —y la ha cumplido— fue la de no realizar una reforma fiscal.
 
Sin embargo, cuando parecía, durante el primer año del gobierno, que el de AMLO iba a ser un periodo presidencial ubicado en el centro ideológico, de pronto, uno a uno, fue desechando a los aliados de derecha. Ahora el presidente trabaja solo con sus leales de izquierda: exactamente el camino inverso que suelen recorrer muchos mandatarios procedentes de la izquierda, que empiezan rodeados de los suyos pero rápidamente viran al centro en nombre de la gobernabilidad.
 
En México, el Gobierno de AMLO consiguió más ingresos durante los primeros años sin aumentar impuestos: obligó a cumplir con sus obligaciones tributarias a los mayores empresarios que no pagaban nada con la complicidad del Estado. A pesar de ello, las finanzas públicas necesitan mucho más dinero. Tendrá que haber una reforma fiscal. La izquierda posee fuerza política para alcanzarla, pero ya quedará para el próximo periodo presidencial.
 
El partido de AMLO es el gran favorito para las elecciones de 2024 y la aspirante mejor colocada para sucederlo es la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Sobre ella recaerá previsiblemente el gran reto de aumentar los impuestos a los ricos, así como otro gran problema, que López Obrador deliberadamente ignoró para no enemistarse con los dueños del dinero: el de los monopolios que han destruido la competitividad de la economía mexicana.