Soluciones desde la arquitectura

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  • Diciembre 2022

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    Andrea Bosch
    En la construcción, 'planificación' y 'austeridad' son palabras clave. Existe mucha tecnología, pero sigue sin tener sentido un jardín verde en una zona seca o una piscina privada.
     
    Mucha gente ya ha oído hablar de las passive houses, o casas pasivas. Tenemos la idea de que las casas sostenibles son caras, incluso inaccesibles para la mayor parte de la población. Pero lo cierto es que, a veces, las soluciones no son más caras, sino que tienen que ver con una mejor planificación de la obra. Es algo que no hacen muchísimos constructores, tanto cuando construyen desde cero como cuando hacen una reforma. Sin embargo, arquitectos como Gerardo Wadel —experto en medio ambiente y socio fundador del Estudio Societat Orgànica, una cooperativa multidisciplinar que trabaja en la mejora ambiental de edificios—, creen que la planificación debería ser la norma. Y lo es, de hecho, en cosas sencillas como los inodoros, que ya vienen con regulación de caudal.
    “La primera gran estrategia es obvia, pero, aun así, cuando visitas un edificio recién construido, los mecanismos de ahorro no están demasiado presentes”, dice Wadel. “No están expresamente tenidos en cuenta ni documentados, y menos ejecutados”.

    La autosuficiencia de agua es difícil, sobre todo en zonas secas

     
    Se busca lo que se llama “equilibrio hídrico”. Este tipo de estrategias en construcción o renovación están diseñadas para minimizar el consumo total de agua, maximizar las fuentes de agua alternativas, minimizar la descarga de aguas residuales del edificio y devolver el agua a la fuente de agua original. Un edificio neutro en agua implica que la cantidad de agua alternativa utilizada y el agua devuelta a la fuente original es igual al consumo total de agua del edificio. 
    Hay infinidad de fórmulas, aparatología y sistemas tecnológicos para el ahorro de agua. 
    Sin embargo, todas las personas consultadas que trabajan en temas de sostenibilidad prefieren hablar de tener una vida más austera mejor que de usar tecnología de punta y equipos. 
     
    De lo pequeño a lo grande
    Hay muchas pequeñas reformas o cambios que se pueden hacer sin una gran inversión, como recoger agua de lluvia. A veces simplemente se trata de colocar una tubería que desemboque en un barril, que luego pueda ser usado para regar plantas. También se puede reutilizar el agua de condensación, que es, por ejemplo, el agua que producen las bombas de frío y calor.
    Si se tiene la posibilidad de hacer una casa desde cero, hay diferentes soluciones. Modos más complejos para recoger una cantidad mayor de agua. Artefactos y sistemas para la reutilización de agua, por ejemplo de la ducha al retrete, filtros para recargar los acuíferos, sistemas de condensación de agua del aire, tejados verdes, potabilizadores y otros. 
    Si hay aguas freáticas o  subterráneas, que se encuentran a una profundidad relativamente pequeña bajo el nivel del suelo, se puede bombear para uso urbano.
    Pero lo que más sale a cuenta es reciclar el agua que se tiene. 
     
     
    Jardines
    Si se cuenta con un jardín, es importante que las plantas que tenga sean autónomas, para que no necesiten un riego extra. Un jardín debe funcionar simplemente con el agua de lluvia. Si se van a producir alimentos en él, se puede reutilizar agua depurando la que se usa en casa. También es importante sembrar un tipo de alimento acorde al clima local, teniendo en cuenta que podría ser que en verano el huerto se seque.  Para eso hay que hacer las cuentas: cuánta agua se usa y cómo va a volver al medio, es decir, qué representa en términos de impacto ambiental.
    ¿Se podría llegar a una autosuficiencia de agua? Es difícil, sobre todo en territorios secos. No es lo mismo que las placas solares, que pueden hacer que nos desenganchemos de la red. Por más que se recoja el agua de lluvia que cae en todo el tejado, o que se utilice un gran sistema de condensación, que crea agua a partir del aire, no suele ser suficiente. 
     
    Menos piscinas
    En algunos territorios colmados de chalets privados, llega a haber una piscina cada siete personas. Y la demanda se acerca a la del uso para agricultura.
    Las piscinas implican un gran gasto de agua. Aunque a muchos no les guste oírlo, en una casa particular, es preferible una ducha en el jardín para refrescarse, que una piscina ecológica, o biopiscina, privada, donde la calidad del agua necesaria para el baño se obtiene de un sistema de depuración natural, que no requiere utilizar productos químicos para su mantenimiento. 
     
    “La Asociación Ibérica está trabajando muy bien en procesos de depuración”, explica Wadel. “Aparece un nuevo concepto natural, que en los usos públicos es muy incipiente, pero en Austria hace mucho que existe. Sin embargo, lo que esto no puede resolver es que el agua en contacto con la radiación social se evapora. En el momento en que hay mantenimiento, esa agua de algún lado tiene que salir. Se puede utilizar un sistema en el que el condensado vuelque agua para que en algún momento se logre llenar la piscina, pero es como llenar la ciudad con coches eléctricos. Es una gran mentira. Lo único que funciona es quitar el coche. España te da ayudas para que cambies el coche. Francia para que no tengas coche; es decir, España lo hace mal. Lo que se tiene que hacer es, sobre todo, no recargar el sistema”.
    Para las piscinas la única solución que acepta Wadel es utilizar, en zonas de costa, la misma agua de mar. Sería igual que meterse en el mar, pero en un entorno más contenido y , en algunos casos, más adecuado para niños y personas mayores.
     
     
    Huella virtual
    Por último, al construir es importante tener en cuenta la “huella virtual”. Un metro cuadrado de construcción, ladrillo, hormigón, plástico, etcétera, implica un aproximado de 1.800 kilos en materiales. Pero si se cuenta el agua utilizada, ese peso se puede multiplicar por tres o cinco, u ocho, dependiendo del sistema constructivo. En mortero u hormigón es poco. Pero, por ejemplo, el kilo de aluminio utilizado para hacer una ventana sube mucho. Se debe tener en cuenta el ciclo de vida del edificio y utilizar materiales con larga vida. 
     
     
     
    Ilustración: 
    Andrea Bosch
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