Alternativas Económicas

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    En la información que se incluye en las etiquetas de los productos comerciales raramente se informa de las condiciones laborales o salariales de los obreros o campesinos que han intervenido en su elaboración. Pero el sello de comercio justo sí garantiza que se han cumplido unos estándares internacionales mínimos. Cada vez más consumidores lo buscan y empieza a ser posible encontrarlo más allá del café y el chocolate.

    Tirar a la basura la ropa o los electrodomésticos que ya no nos sirven parece muy fácil, pero no tiene demasiado sentido: es muy probable que a alguien aún pudieran servirle. Internet ha facilitado mucho la posibilidad de poner en contacto el que quiere desprenderse de algo con quien está interesado en darle una nueva vida. Sin que nadie pague nada por ello: cuando a una persona le sobra algo, lo da; cuando lo necesita y lo encuentra, se lo queda. 

    El acceso a frutas y verduras de proximidad (y con garantía de producción ecológica) no es siempre fácil en las grandes ciudades. Por ello proliferan los grupos de consumo, que se organizan para abastecer a sus miembros con alimentos que llegan directamente de los productores locales que cumplen con sus demandas y que se avienen a mostrar cómo trabajan. Las fórmulas para hacer llegar los productos de las cooperativas de agricultores y ganaderos a la ciudad son muy variadas.  

    Que una fruta sea sabrosa no siempre es garantía de que se ha producido respetando al máximo el medio ambiente. La agricultura ecológica conlleva requisitos estrictos que tienen que ver con la calidad del producto, pero también con el uso responsable del agua, la energía y la tierra en todo el proceso de producción. El sello de producción ecológico , regulado por la Unión Europea desde 2009, recibe un interés creciente en España, aunque el consumo suele tener aún el escollo de los precios más altos.

    Tener alguna habilidad —cortar el pelo, enseñar a leer o escribir, lo que sea— no es garantía de que el mercado te lo reconozca y te paguen por ello. Sin embargo, los bancos de tiempo, que siempre crecen en contextos de crisis, sí permiten sacarle partido a través del intercambio: yo te corto el pelo y tú refuerzas las matemáticas de mi hija. Las combinaciones son casi ilimitadas y es posible acceder a muchos servicios sin dinero. Solo hay que cumplir unas reglas muy elementales.

    Los expertos consideran que la educación de cero a tres años es clave para la formación de los niños y las niñas. Sin embargo, el Estado deja a los padres a la intemperie, con escasa oferta de guarderías públicas, y  la única opción de ir a centros privados caros y masificados. Una alternativa es la madre de día, que trata de crear un segundo hogar, cálido y personalizado, para un máximo de cuatro niños. En Europa es una opción común desde hace décadas, pero en España se encuentra aún en fase incipiente y a menudo alegal.

    Las residencias para gente mayor han sido estigmatizadas en ocasiones como un lugar donde se aparcaba a la gente que le costaba valerse por sí misma. La realidad es muy diversa, pero esta visión estereotipada nada tiene que ver con las comunidades autogestionadas en las que los integrantes mantienen sus espacios de máxima intimidad, disfrutan de espacios comunes y participan activamente en la gestión de la propia entidad.

    Los envíos por mensajería son inevitables para muchas empresas, y cada mensaje solía llevar aparejadas nuevas emisiones de dióxido de carbono, el principal causante del efecto invernadero. Sin embargo, los servicios de ecomensajería —generalmente en bicicleta— han reducido sensiblemente la factura ecológica de estas operaciones. Los pioneros empezaron en Barcelona en 1984, pero ahora ya hay servicios análogos en muchas ciudades.

    Lo más caro de viajar suele ser el alojamiento y para las familias con niños es aún más inaccesible. Si finalmente se consigue un buen precio, lo habitual es que sea un espacio pequeño y despersonalizado. Una alternativa es el intercambio de casa. Siempre se ha hecho, pero Internet ha multiplicado las posibilidades y algunas webs cuentan con hasta 50.000 casas en todo el mundo. No se trata solo de un ahorro económico: es también la mejor forma de vivir las vacaciones como viven los lugareños.  

    Comprar un coche ha sido durante muchas décadas símbolo de estatus, y en muchos casos sigue siéndolo, aunque cada vez hay más gente —especialmente, entre los jóvenes— interesada básicamente en su función primaria: un medio de transporte que sirve para ir de un sitio al otro sin depender de terceros. Para ello no siempre es necesario comprarse un automóvil y asumir los costosos gastos anexos, desde el seguro hasta las reparaciones: basta con adentrarse en el mundo del carsharing.

    En una época en la que son numerosas las reivindicaciones ciudadanas, y causa gran desasosiego observar lo difícil que es mantener la calidad de vida de la ciudadanía como un objetivo colectivo de primer orden, interesa hacer unas reflexiones (...)

    Todo el mundo parece condenado a depender de las grandes multinacionales si quiere un teléfono móvil con acceso a Internet. Sin embargo, en Reino Unido operan con éxito cooperativas en las que el usuario del teléfono no es solo un usuario que intenta como puede que le atienda alguien del servicio de atención al cliente, sino un socio que participa en las asambleas de la compañía para decidir a qué destinan los excedentes, si los hay. Este modelo acaba de llegar también a España.

    Las películas y documentales independientes tienen enormes dificultades para encontrar un exhibidor que se arriesgue a salirse del guion que escriben las grandes multinacionales y las majors. El problema acaba siendo de los espectadores más reacios a ser tratados como meros consumidores pasivos ante una oferta de apariencia sobreabundante pero surgida, en la práctica, de la misma cocina . Algunos cines de reciente creación tratan de salirse de esta dinámica.

    Entre un teatro pensado solo como entretenimiento y otro que quiere ser motor del cambio social hay una enorme escala de grises. Sin embargo, los teatros comerciales basculan casi siempre alrededor de la primera opción y casi sin grises. Nuevas iniciativas aspiran a consolidar espacios también para quienes desean recuperar una visión del teatro como herramienta para el cambio, conectada con las múltiples mareas que recorren la sociedad.

    La caída brutal de la venta de libros por la crisis tiene consecuencias también en las librerías: sus ingresos dependen de manera creciente de los best-sellers, las grandes apuestas de las multinacionales, que  acaban apartando de la estantería los libros de editoriales independientes. Ello explica el auge de nuevas librerías promovidas por asociaciones y cooperativas, donde lo difícil es encontrar el best-seller.

    Los bancos han tomado el control accionarial de la mayor parte de grandes medios de comunicación tradicionales, y algunos de sus lectores más fieles se sienten ahora huérfanos. Sin embargo, en paralelo han surgido nuevos medios impulsados por periodistas de larga trayectoria que aspiran a seguir haciendo periodismo independiente. Los nuevos medios son propiedad de los mismos periodistas, que cuentan con alta especialización: en la práctica abarcan todas las secciones de un periódico. 

    La explosión de las redes sociales y el uso de Internet han multiplicado el rastro que los ciudadanos van dejando sobre sí mismos. Esta información pasa a ser propiedad de la empresa que gestiona la plataforma sobre la que operan los ciudadanos (llámese Facebook, Google o Twitter) y pueden explotarla con fines comerciales o ponerla eventualmente a disposición del Gobierno que lo solicite. Algunas iniciativas tratan de replicar las herramientas, pero  salvaguardando la intimidad de los usuarios.

    Los juegos son una vía formidable de socialización y de transmisión de valores. Lo habitual es que se fomente la competitividad y que gane el más fuerte, pero existen alternativas para los padres interesados en inculcar otros valores. Hay juegos en los que el ganador acostumbrado a arrasar con todo, simplemente perdería: en los juegos cooperativos suele premiarse la colaboración con los demás. El vencedor del Monopoly lo pasaría mal si se atreviera con el Co-opoly.

    Los macrofestivales son una de las opciones favoritas del ocio juvenil, pero suelen llevar aparejados daños colaterales notables: una entrada carísima, que acaba en buena parte beneficiando a promotores, intermediarios y avispados; un entorno natural a menudo arrasado, una comunidad local que no pasa de convidada de piedra... Esta era la norma, pero la economía social empieza a pisar también este terreno para disfrute de la comunidad.  

    Si el crédito está bloqueado para las empresas, imagínese para los nuevos proyectos empresariales o sociales. Pero nunca había sido tan factible como ahora lograr financiación al margen de la banca. Internet ha permitido conectar proyectos concretos con gente interesada en apoyarlos, incluso financieramente. Esto es el crowdfunding, que vive una eclosión tras la aparición de múltiples plataformas digitales que facilitan esta nueva fórmula emparentada con el mecenazgo.

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