Intercambios

  • Por (Técnico de proyectos del Comisionado de Economía Cooperativa, Social y Solidaria y Consumo del Ayuntamiento de Barcelona. )
    Mayo 2017

    Tal com recull l’estudi L’economia social i solidària a Barcelona (2016), a la ciutat hi ha 4.718 iniciatives socioeconòmiques que, per la seva forma jurídica, s’engloben dins l’economia social i solidària (ESS). Algunes de les dades més rellevants són: 2.400 entitats del tercer sector, 1.197 societats (...)

    Por (Director fundador y editorialista de Alternativas Económicas)
    Junio 2015

    La economía colaborativa es una realidad explosiva con un peso creciente en nuestras vidas. El fundamento está en compartir. La idea de que es mejor compartir que poseer está ganando adeptos a un ritmo exponencial. La pérdida de poder adquisitivo que ha provocado la crisis (...)

    Al turismo convencional le ha nacido un fuerte competidor: el turismo colaborativo, que puede cambiar completamente la forma en que se hacen viajes. 

    De todas las webs de turismo colaborativo, éstas son las que han despertado más sospechas y más quejas, pero también las que han permitido que comience a formalizarse una economía informal que haga posible para miles de personas ganar (...)

    Del hiperconsumismo al bien común. Cada vez nacen más plataformas donde los ciudadanos se organizan para trocar, compartir, usar, reciclar, regalar. Sobre este patrón —la participación— nacen nuevos proyectos que ganan con la intermediación.

    Multitud de plataformas se han constituido a partir de una vieja imagen familiar: la de abrir un armario y desempolvar artículos que ya no se usan y que no están para tirar. Los mercados de ocasión han existido siempre. Las plataformas online ayudan a casar ofertas (...)

    Los más pequeños crecen muy deprisa. En poco tiempo, la ropa les queda pequeña, se interesan por otros juguetes, de pronto ya no caben en la cuna ni en el cochecito. Era de esperar que la economía colaborativa inventara iniciativas que giraran en torno a los niños. A veces (...)

    Tener alguna habilidad —cortar el pelo, enseñar a leer o escribir, lo que sea— no es garantía de que el mercado te lo reconozca y te paguen por ello. Sin embargo, los bancos de tiempo, que siempre crecen en contextos de crisis, sí permiten sacarle partido a través del intercambio: yo te corto el pelo y tú refuerzas las matemáticas de mi hija. Las combinaciones son casi ilimitadas y es posible acceder a muchos servicios sin dinero. Solo hay que cumplir unas reglas muy elementales.

    Lo más caro de viajar suele ser el alojamiento y para las familias con niños es aún más inaccesible. Si finalmente se consigue un buen precio, lo habitual es que sea un espacio pequeño y despersonalizado. Una alternativa es el intercambio de casa. Siempre se ha hecho, pero Internet ha multiplicado las posibilidades y algunas webs cuentan con hasta 50.000 casas en todo el mundo. No se trata solo de un ahorro económico: es también la mejor forma de vivir las vacaciones como viven los lugareños.  

    Comprar un coche ha sido durante muchas décadas símbolo de estatus, y en muchos casos sigue siéndolo, aunque cada vez hay más gente —especialmente, entre los jóvenes— interesada básicamente en su función primaria: un medio de transporte que sirve para ir de un sitio al otro sin depender de terceros. Para ello no siempre es necesario comprarse un automóvil y asumir los costosos gastos anexos, desde el seguro hasta las reparaciones: basta con adentrarse en el mundo del carsharing.

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