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Una vuelta de tuerca a la seducción digital

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Apple Vision Pro

La noticia digital de la semana ha sido la presentación de Apple Vision Pro, las gafas y la tecnología de realidad virtual de Apple. A quien el tema le interese lo bastante como para leer esta columna hasta el final, le recomiendo que antes de seguir dedique nueve minutos a observar con atención y espíritu crítico el video de Youtube en que se presenta el producto.

Gracias por estar de vuelta. Creo probable que coincidamos en que la propuesta de Apple tiene su mérito, tanto para la concepción en detalle de un nuevo paradigma de relación con lo digital como en el desarrollo de la tecnología que hace posible llevarlo a la práctica. Aunque una buena parte de la atención suscitada por el anuncio de Apple se ha centrado en las gafas, estas son solo uno de los elementos de un concepto mucho más amplio, el de la “computación espacial”, que al igual que sucedió con la creación del iPhone en 2007, ha conllevado el desarrollo de un nuevo sistema operativo. No está de más recordar que la posibilidad de interaccionar con una pantalla táctil a base de gestos con los dedos nos pareció mágica en su momento, aunque ahora la hayamos asimilado como natural. ¿Sucederá lo mismo con la propuesta de usar las gafas como reemplazo de pantallas, teclados y ratones?

Me resulta sugerente considerar la propuesta de Apple en el contexto del despliegue de lo digital que la empresa inició al recuperar a Steve Jobs como CEO en 1997. Un proceso cuyos rasgos de identidad incluye explotar a fondo el atractivo de lo que Byung-Chul Han caracteriza como "lo bello digital, un espacio pulido y liso de lo igual, que no tolera ninguna extrañeza, ninguna alteridad, ninguna negatividad". Un espacio propicio a la seducción, exento de las fricciones inevitables en nuestra relación con el universo físico.

Por otra parte, la propuesta de Apple es otro paso más en la dirección de promover como natural un contacto cada vez más íntimo y frecuente con lo computerizado, lo digital, lo virtual, lo artificial al ciento por ciento. Los primeros iMac fueron ordenadores que uno quería tener, pero sólo en su mesa de trabajo. Los MacBook son artefactos codiciados para llevar siempre en la mochila. El iPhone sería un artefacto de bolsillo si no fuera porque parece inevitable no sacarlo de allí centenares de veces al día. El Apple Watch interactúa con quienes lo llevan puesto incluso cuando no son conscientes de ello. Las gafas de Apple van todavía más allá, porque el entorno que percibe quien las está usando no es real, sino sólo el que producen o reproducen las pantallas y los altavoces que el sistema incorpora.

Habrá que ver cómo evoluciona este nuevo paradigma propuesto por Apple. No olvidemos, por si acaso resultara ser un precedente, que el que abanderó con el iPhone ha conllevado beneficios, pero también convertido los smartphones en armas de infoxicación, desinformación, deterioro de la atención y dependencia psicológica. Daños colaterales que no eran para nada inevitables y que estaría bien no reproducir.