Panorama económico

  • Saltarse al oligopolio energético no es fácil, pero existen muchas posibilidades mediante un creciente abanico de empresas y cooperativas que aportan exclusivamente energía verde. El cambio no encarece la factura, pero exige una toma de conciencia previa y una voluntad de contribuir a variar la situación, lo cual ayuda a explicar el auge de algunas iniciativas que convierten al consumidor en socio de la empresa. En cambio, el autoconsumo se ve ahora muy perjudicado por los nuevos peajes.

    Todo el mundo parece condenado a depender de las grandes multinacionales si quiere un teléfono móvil con acceso a Internet. Sin embargo, en Reino Unido operan con éxito cooperativas en las que el usuario del teléfono no es solo un usuario que intenta como puede que le atienda alguien del servicio de atención al cliente, sino un socio que participa en las asambleas de la compañía para decidir a qué destinan los excedentes, si los hay. Este modelo acaba de llegar también a España.

    Las películas y documentales independientes tienen enormes dificultades para encontrar un exhibidor que se arriesgue a salirse del guion que escriben las grandes multinacionales y las majors. El problema acaba siendo de los espectadores más reacios a ser tratados como meros consumidores pasivos ante una oferta de apariencia sobreabundante pero surgida, en la práctica, de la misma cocina . Algunos cines de reciente creación tratan de salirse de esta dinámica.

    Entre un teatro pensado solo como entretenimiento y otro que quiere ser motor del cambio social hay una enorme escala de grises. Sin embargo, los teatros comerciales basculan casi siempre alrededor de la primera opción y casi sin grises. Nuevas iniciativas aspiran a consolidar espacios también para quienes desean recuperar una visión del teatro como herramienta para el cambio, conectada con las múltiples mareas que recorren la sociedad.

    La caída brutal de la venta de libros por la crisis tiene consecuencias también en las librerías: sus ingresos dependen de manera creciente de los best-sellers, las grandes apuestas de las multinacionales, que  acaban apartando de la estantería los libros de editoriales independientes. Ello explica el auge de nuevas librerías promovidas por asociaciones y cooperativas, donde lo difícil es encontrar el best-seller.

    Los bancos han tomado el control accionarial de la mayor parte de grandes medios de comunicación tradicionales, y algunos de sus lectores más fieles se sienten ahora huérfanos. Sin embargo, en paralelo han surgido nuevos medios impulsados por periodistas de larga trayectoria que aspiran a seguir haciendo periodismo independiente. Los nuevos medios son propiedad de los mismos periodistas, que cuentan con alta especialización: en la práctica abarcan todas las secciones de un periódico. 

    La explosión de las redes sociales y el uso de Internet han multiplicado el rastro que los ciudadanos van dejando sobre sí mismos. Esta información pasa a ser propiedad de la empresa que gestiona la plataforma sobre la que operan los ciudadanos (llámese Facebook, Google o Twitter) y pueden explotarla con fines comerciales o ponerla eventualmente a disposición del Gobierno que lo solicite. Algunas iniciativas tratan de replicar las herramientas, pero  salvaguardando la intimidad de los usuarios.

    Los juegos son una vía formidable de socialización y de transmisión de valores. Lo habitual es que se fomente la competitividad y que gane el más fuerte, pero existen alternativas para los padres interesados en inculcar otros valores. Hay juegos en los que el ganador acostumbrado a arrasar con todo, simplemente perdería: en los juegos cooperativos suele premiarse la colaboración con los demás. El vencedor del Monopoly lo pasaría mal si se atreviera con el Co-opoly.

    Los macrofestivales son una de las opciones favoritas del ocio juvenil, pero suelen llevar aparejados daños colaterales notables: una entrada carísima, que acaba en buena parte beneficiando a promotores, intermediarios y avispados; un entorno natural a menudo arrasado, una comunidad local que no pasa de convidada de piedra... Esta era la norma, pero la economía social empieza a pisar también este terreno para disfrute de la comunidad.  

    Detrás de muchas prendas chic que se exhiben en los escaparates de las grandes zonas comerciales hay mucho sudor de mano de obra semiesclava en los países pobres. Junto a las campañas para mejorar la transparencia de la producción y las condiciones de trabajo, han aflorado alternativas que aspiran a construir una “moda ética”, que sea mucho más respetuosa con todos los actores que participan en el proceso.

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