Oráculo impertinente

  • Las grandes crisis económicas generan una asombrosa onda expansiva. Aunque a veces exageramos y atribuimos al Crac de 1929 casi todas las desgracias inmediatamente posteriores (Benito Mussolini había llegado ya al poder en 1922 y su copia barata en España, Miguel Primo de Rivera, gobernaba desde 1923), es cierto que el colapso del comercio internacional tuvo consecuencias horribles.

    Somos gente crédula. Han conseguido convencernos de que cuando los más ricos tienen que pagar muchos impuestos, los ricos se fugan del país. Y dejan de invertir. Y se frena la creación de riqueza. Y todo se va al garete.

    Por (Periodista)
    Diciembre 2019

    El planeta está lleno de bronca. De Hong Kong a Santiago de Chile, de Bogotá a Hong Kong, de La Paz a Bagdad, millones de manifestantes chocan contra las policías antidisturbios.

    Conversé con el alcalde de una importante ciudad latinoamericana. Era rico, conservador e inteligente y llevaba años esforzándose por sanear los miserables asentamientos urbanos bajo su jurisdicción. Había construido alcantarillas, había asfaltado, había instalado escuelas públicas y había invertido gran parte de su presupuesto en un segmento de la población que raramente vota a la derecha.

    En abril de 1815 el volcán Tambora, situado en la actual Indonesia, reventó literalmente: fue la mayor erupción en casi 20 siglos. Las cenizas que arrojó hacia los niveles altos de la atmósfera circularon en torno al planeta, lo protegieron del Sol e hicieron que 1816 fuera el famoso año sin verano.

    Por (Periodista)
    Septiembre 2019

    Llevamos ya mucho tiempo dándole vueltas al asunto del populismo. No es un fenómeno nuevo, por supuesto. Ni es fácilmente definible, porque lo hay de todos los colores y cataduras. Para discernir en qué consiste resulta útil un proceso de eliminación.

    Nos hemos habituado a eso que llamamos “cumbres”. Dirigentes políticos más o menos poderosos se reúnen en algún  lugar para ponerse de acuerdo en tal asunto o tal otro. Damos por supuesto que cada uno de ellos acude con un objetivo o una idea e intenta convencer a los demás.

    Raramente se puede ver el cometa Halley más de una vez en la vida, porque su órbita alrededor del Sol dura unos 75 años. Mucho más insólito es asistir al relevo de un imperio planetario. La humanidad ha contemplado este fenómeno solo  tres veces: al final del siglo XVI (declive del imperio español), al final del XVII (declive del imperio de las provincias holandesas) y a principios del XX (declive del Imperio británico).

    Las hegemonías ideológicas, o culturales, concluyen a veces con una gran traca final, como las fiestas de los pueblos. Quizá no recordamos tanto como debiéramos la verbena de furor y violencia con que terminaron esos años (1945-1973) que en muchos países fueron calificados de gloriosos y que en España, que llevaba cambiado el paso de la historia, resultaron bastante miserables.

    La macroeconomía es un gran juego intelectual cuyas reglas se reducen a una sola: se puede ganar una mano, pero nunca la partida. A largo plazo, todos los jugadores pierden. Incluso el campeón más brillante, John Maynard Keynes, sufrió un revolcón hará cosa de medio siglo.

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