Editorial

  • Los finales de año son propicios a los balances. Más aún si coinciden con el ecuador de una legislatura, como es el caso de la actual, y para colmo al ex presidente del Gobierno que pilotó el país de la cima a la sima y al que fuera su primer ministro de Economía les da por exprimir su personal torrente de recuerdos.

    Sé perfectamente que, cuando se trata de las migraciones, es mucho más fácil indignarse que hallar soluciones. Pero también sé que no se puede reducir a quienes un día emprenden el camino del exilio a unas cifras en un registro administrativo.

    Del texto de los Presupuestos para 2014 queda patente que el próximo año España tendrá más deuda pública, menos empleo y más pobreza. Sin embargo, el hilo conductor de las cuentas públicas del próximo año es la recuperación.

    Angela Merkel ha sido reelegida en septiembre, como estaba previsto, e incluso con
    mejores resultados de los esperados. Toda una noticia en una Europa en crisis en la que,
    desde hace cuatro años, cuando a un dirigente le toca salir, el electorado lo saca, en ocasiones en medio del abucheo general.

    Una de las muchas ventajas de pertenecer a la Unión Europea y al euro es que los ciudadanos de los  Estados miembros  pueden disponer de mucha información económica relevante para sus vidas.

    Los presupuestos de 2014 tendrán en cuenta la ecología? Como buen táctico, el presidente francés, François Hollande, conoce todos los escollos de esta cuestión. 

    La verdadera reforma estructural que precisa este país es la fiscal. España se está quedando sin ingresos tributarios, mientras que la economía sumergida ha vuelto a repuntar. La Hacienda española es la segunda que ha registrado una mayor caída de ingresos fiscales y cotizaciones sociales de la UE.

    Para sorpresa general, las últimas grandes movilizaciones sociales no han surgido en una Europa golpeada por la crisis, sino en esa parte del mundo en la que se suponía que el desarrollo económico esparciría por mucho tiempo el buen humor y el optimismo.

    Hace tres años, la Asamblea General de la ONU reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento. Para asegurar un ejercicio más eficiente de este derecho algunos países han consagrado el carácter público del suministro del servicio de agua en su Constitución, como  son los casos de Holanda y Uruguay.

    "Es necesario que todo cambie para que nada cambie”. Los responsables europeos podrían meditar sobre la célebre máxima de El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. En efecto, estas últimas semanas han cambiado muchas cosas en Europa.

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