Editorial

  • Cuando el derecho a una vivienda digna parecía un objetivo utópico y una causa perdida, una serie de acontecimientos han cambiado radicalmente el panorama. La formación de un nuevo Gobierno de izquierdas y las contundentes exigencias europeas han abierto un horizonte de esperanzas.

    El impuesto a la banca que provoca tanto furor a los banqueros no es una inquina contra las entidades financieras del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ni siquiera de la Ejecutiva socialista ni de Podemos. En realidad, esta iniciativa fue una recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el clima de zozobra que vivía el capitalismo tras el estallido de la Gran Recesión de 2008.

    Existe  un amplio consenso en este país que celebra el clima de distensión política que ha creado el Gobierno de Pedro Sánchez. Es una sensación de alivio generalizado que comparten personas de ideas opuestas y de distintos territorios, especialmente en Catalunya.

    La crisis está sacando lo peor de las entidades financieras. La lista de malas prácticas y productos tóxicos es interminable hasta aburrir y mantiene los juzgados atiborrados. Hemos conocido las participaciones preferentes, las obligaciones subordinadas, las cláusulas suelo, los índices IRPH de las hipotecas, los gastos hipotecarios, los swaps y las cláusulas abusivas que facilitan los desahucios.

    La vivienda se ha convertido en el problema social más grave de una parte significativa de la sociedad española. Los jóvenes son ahora los más perjudicados. El modelo de la salida de la crisis para algunos se ha basado de nuevo en la especulación sobre la vivienda eliminando los derechos que protegían a los ciudadanos.

    Desde principios de año se ha intensificado el debate sobre las pensiones públicas. El asunto ha adquirido especial intensidad desde que se conoció que la subida que ha decidido el Gobierno es del 0,25%.

    Alternativas Económicas cumple este mes de marzo cinco años. Aunque es un periodo de tiempo muy breve nos alegra celebrarlo porque si hemos llegado hasta aquí es por haber logrado superar obstáculos que parecían insalvables al principio.

    El funcionamiento del mercado eléctrico en España durante los últimos años está causando graves desigualdades. En realidad estamos ante un falso mercado que es muy beneficioso para las compañías y  pernicioso para los consumidores.

    Empezamos 2018 con los mismos viejos problemas del año pasado, sólo que agravados y todos más cansados. Todo lo que no se soluciona a tiempo  empeora. Y vamos acumulando deterioros en muchos frentes.

    Una de las consecuencias más lamentables de la crisis política de Catalunya es que ha aparcado otros asuntos que constituyen las preocupaciones de fondo de la parte más vulnerable de la ciudadanía. La intensidad emotiva del pulso secesionista ha eclipsado los debates y las propuestas necesarias sobre el desafío que representa para muchas personas, especialmente los jóvenes y los mayores de cincuenta años, encontrar empleo.

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