Cómo acaba la inflación
Las crisis de inflación son como las comedias sentimentales: cada una empieza a su modo pero todas terminan igual.
Las crisis de inflación son como las comedias sentimentales: cada una empieza a su modo pero todas terminan igual.
La rápida propagación de la nueva variante del virus (ómicron), el brutal encarecimiento de la energía (gas y electricidad), el súbito aumento de la inflación y el bloqueo de las cadenas de suministro globales han trastocado las esperanzas de los ciudadanos en una próxima recuperación económica.
Eso que llaman “conflictividad laboral” está en aumento en España. Y es posible que en las próximas semanas y meses muchos ciudadanos sufran los inconvenientes de alguna que otra huelga. El batacazo de la pandemia, la inflación creciente y la continua pérdida de poder adquisitivo desde la crisis financiera de 2008 han creado una situación muy difícil.
La cumbre de Glasgow sobre cambio climático ha puesto de relieve que es mucho más difícil poner en práctica medidas concretas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que alcanzar acuerdos sobre principios.
De la economía se pueden decir muchas cosas, casi todas malas. Pero no que es predecible. ¿Alguien se habría atrevido a profetizar, hace un año, el brutal aumento de los precios de la energía? Pues eso. Ahora tenemos un poco de inflación, algo que sí podía adivinar cualquier atontado (yo mismo, sin ir más lejos), y la cosa no parece grave por el momento, salvo para los alemanes, cuyo corazón fibrila en cuanto la línea de los precios deja de ser completamente horizontal.
El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022 presentados por el Gobierno de coalición constituye una herramienta imprescindible para revertir los desastres causados por la pandemia y sus secuelas económicas y sociales. El aumento de la pobreza, la desigualdad y la precariedad laboral requieren fuertes medidas de choque para que de verdad nadie se quede atrás en la salida de la crisis.
Los antiguos guionistas de Hollywood denominaban “dead meat”, literalmente “carne muerta”, al personaje simpático destinado a fallecer antes del final de la película. Como no podían cargarse al protagonista, conseguían la lagrimita del público matando a alguien cercano y querido, generalmente su mejor amigo.
Cada día aparecen más muestras que indican cómo la pandemia está revalorizando las políticas públicas, especialmente las dedicadas a la salud. Un ejemplo reciente ha sido la victoria electoral de los laboristas noruegos, un cambio que fortalece a los socialdemócratas, que en los países escandinavos ya gobiernan en Suecia y Dinamarca y en coalición en Finlandia.
Las ideas estúpidas son prácticamente inmortales. Da igual que se demuestre una y otra vez, con fracasos rotundos, su estupidez esencial: al cabo de un tiempo resurgen como nuevas. Es el caso de las operaciones coloniales con supuesto afán civilizatorio.
Las noticias dominantes insisten en la fuerte recuperación de la economía. Hay datos para el optimismo para las grandes corporaciones. Las empresas del IBEX 35 obtuvieron unas ganancias de 28.500 millones de euros en el primer semestre, frente a unas pérdidas de 15.000 millones en los mismos meses del año anterior.
Los ciudadanos tienen más poder del que imaginan con las decisiones de compra, pero falta información veraz sobre los productos y servicios.
Recibe cada mes la revista en casa y ten acceso a todos los contenidos online.